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desde que nuestras instalaciones fueron tomadas y nuestro gerente general Juan Lorenzo Holmann fue detenido.

con las instalaciones tomadas y nuestro gerente general Juan Lorenzo Holmann detenido.

Emmanuel Mongalo y Rubio

Mireya Pravia Z.*

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Emmanuel Mongalo y Rubio


Mireya Pravia Z.*




Las cuatro veces heroica ciudad de Rivas se enorgullece en exaltar al maestro Emmanuel Mongalo y Rubio, que toma relevante lugar en las gloriosas páginas de nuestra historia nacional. Nació en Rivas, un 21 de junio de 1834, en un sitio aledaño a donde antiguamente existió la Radio Mongalo y ahora se levanta un monumento a su gesta heroica.

Sus padres: don Bruno Mongalo y doña Francisca Rubio; sus hermanos: Domitilia, Mercedes y Salvador. Sus estudios, muy joven, los realiza en Estados Unidos. Inclina sus actitudes personales al conocimiento de la cultura, para beneficio de los niños pobres. Les daba enseñanza gratuita y les dedica la primera obra de Geografía elemental escrita en Nicaragua.

Como gran humanista, su vida la consagra al magisterio. La memoria de los grandes hombres es una de las más elevadas formas de la educación de los pueblos. La grandeza de hechos y de ideas. La de los hechos hace brotar pensamientos en las mentes y nobles sentimientos en el corazón.

Las naciones viven por el esfuerzo espiritual de sus mejores hijos. La grandeza de los hechos es material y espiritual, nace en el ama encendida por el fuego sagrado el amor a la Patria, y pone en el brazo el vigor y la sublimidad del heroísmo. Es por eso que Emmanuel Mongalo es de la familia de los héroes.

El 29 de junio de 1855, en la batalla de Rivas, fue el primer defensor voluntario. La lucha contra los filibusteros que aspiraron al predominio en Nicaragua fue heroica, y surge como una avalancha devoradora. Mongalo, sin camisa, con el pecho descubierto, llevando la tea en la mano, encendió el mesón de don Máximo Espinoza. La batalla ha encendido una hoguera de patriotismo, haciendo retroceder a los bucaneros. El peligroso enemigo huye hacia San Juan del Sur donde esperaban sus amigos, que llegaran a rescatarlos. Esta epopeya de Mongalo la podemos comparar a la del inmortal Leónidas de Esparta (historia universal). El heroísmo es como un impulso invisible que busca un alma grande y una mano generosa, y se detiene en aquel joven de ánimo vibrante, amante de la gloria, es así como la Patria cubrió su sombra con su bandera, conduciéndolo camino a la inmortalidad.

Murió el primero de febrero de 1872, a los 38 años de edad en Granada, sus restos reposaron un tiempo en el atrio de la Iglesia La Merced, posteriormente el 29 de junio de 1970, en solemne ceremonia fueron trasladados a Rivas, su ciudad natal, donde reposan definitivamente. Es así como Mongalo defiende la soberanía codiciada por el extranjero.

Si en nuestra imaginación sospechamos de un canal imaginario por el Istmo de Rivas, que mañana pueda ser un canal real, nacional o internacional, hagámosle arranques fuertes y profundos, para que resista el empuje de las precipitadas aguas que buscan otro mar. Niños, jóvenes nicaragüenses, todos salgamos en olímpica natación de relevo, saliendo por el Río San Juan, nadando contra la corriente, partiendo del fuego de Rafaela Herrera, y pasando por el Concepción para que podamos con músculos y ojos fatigados, divisar desde lejos en la costa de Rivas la mecha encendida de Mongalo, la llamarada que anuncia la entera libertad. ¡La libertad final!

Se dijo en el comunicado militar del gobernador del Departamento de Rivas don Eduardo Castillo consagrando a Mongalo, héroe indiscutible: “Rivas, Nicaragua, 1 de julio de 1855:

Nada otra cosa considero digna por ahora de comunicar a Uds. respecto a las ocurrencias a que me vengo refiriendo. Sólo así, el recomendar como de justicia al subteniente don José Góngora que el día de la acción fue de los que más se distinguieron por su valor, al subteniente cívico don Emmanuel Mongalo , que en unión de un soldado también cívico de los que vinieron de esa ciudad, Felipe Nery Fajardo, clavaron un mechón encendido en la casa de Máximo Espinoza, donde fueron últimamente reducidos y rodeados por todo el contorno los filibusteros, y se hacía preciso la operación del incendio, mas como ya presentaba un peligro nada menos que de la vida para su ejecución, se ofreció un premio de ‘cincuenta pesos’ al que la realizase, y ganado éste por los cívicos referidos, el señor Mongalo se ha hecho aún más digno de la consideración pública, porque rehusó la parte que le cupo en favor del Gobierno, y aunque también se distinguieron un teniente y subteniente de las tropas de mi mando, por modestia me abstengo de nombrarlos.

Quiera Uds. dar cuenta con lo expuesto a S. E. El D. P. y aceptar el precio con que se retira de U. S.

Atento servidor. D. U. L.

(F) Eduardo Castillo”.

Mongalo toma la tea y le pone sus llamas al techo de la casa. El triunfo está logrado. Así es el heroísmo.

Los poetas rivenses: Gilberto Barrios y Alfonso Hildebrando Hurtado, dedicaron varios poemas y el bello Himno a Mongalo:

Desafiando a la muerte/ mientras el patriotismo/ en su mirada brilla,/ yérguese el héroe,/y con sublime gesto blande la tea./ Después enciende presto/ del infame invasor/ que en vano lucha/ el salvador refugio,/ mientras allá en lo alto/ de la libertad radiosa/ el pabellón flamea.

(Las Huacas, C. R., 14 de octubre de 1935).

* La autora es pedagoga e historiadora

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