Pedro Silva de la Maza
La nueva ley forestal la cual fue el consenso mayoritario de las organizaciones empresariales y de la sociedad civil, representativos del sector forestal de Nicaragua, no es perfecta pero viene a poner un orden al convertirse en el único instrumento jurídico que norma el sector, la elaboración de un reglamento que no deje espacios vacíos administrativos técnicos que den cobijo a procedimientos de carácter discrecional o que puedan ser utilizados para manipular el espíritu de la ley es indispensable para cumplir el objetivo de crear un marco jurídico y administrativo con reglas claras e incentivos que permitan por medio de la inversión privada y el apoyo de la sociedad civil entrar en una etapa de desarrollo y fomento del sector donde se logre frenar la destrucción del recurso y se impulse un programa de plantaciones que contribuyan a los aspectos ambientales y de producción.
El Estado de Nicaragua que ha identificado como uno de los principales clouster el sector forestal deberá realizar los esfuerzos necesarios, a pesar de las limitaciones que impone el plan de ajuste económico los problemas de la deuda interna y la debilidad institucional, para crear las condiciones que posibiliten que el sector reciba las transferencias necesaria para su despegue, compuestos fundamentalmente por incentivos para reforestación, manejo de bosque y desarrollo de tecnologías que aumentan la eficiencia del aprovechamiento de la materia prima y que agreguen valor al producto. Este plan de incentivos que la ley contiene debe establecerse como una inversión inicial fiscal y no un subsidio de parte de las sociedades. La experiencia en América es que donde se ha implementado como una inversión ésta ha sido exitosa y ha reportado importantes aportes a la sociedad y al desarrollo económico basado en una clara visión de mercado que ha guiado las inversiones del sector privado con éxitos logrando retribuir en esta inversión a la sociedad, en cambio donde no se ha dado este proceso o se ha realizado con una visión equivocada y han sido utilizados sistemas que en la realidad sólo han servido para subsidiar la pobreza, no se ha logrado un desarrollo forestal real ni sustentable.
¿Por qué incentivos y reglas claras, qué ventajas representa para Nicaragua el desarrollo forestal?
Hay que retribuir al bosque las transferencias que por siglos ha hecho al resto de la economía. Nicaragua es un país agrícola y lo primero que cosechamos en nuestras fincas fue el bosque y cuando ya están quebradas y en abandono nuestras fincas lo último que le sacamos es la leña.
Es un sector competitivo que podría generar una importante industria de exportación generando empleo y aportes fiscales que mejorarían las posibilidades del Estado de invertir en aspectos sociales, con el bosque podemos exportar sol, como en el turismo, pero transformado en maderas de color como el roble, pochote y otras especies tropicales de crecimiento rápido de aspes y colores bellísimos y de gran valor en el mercado mundial, nuestros bosques crecen tres veces más rápido que los bosques boreales o australes y nuestras plantaciones hasta 25 veces, esto es un enorme potencial a mediano y largo plazo. En Canadá o en Suecia es negocio plantar y manejar bosques que requieren hasta más de un siglo en cosechar porque no va a convertirse en un negocio en nuestro país, en América hay muchos ejemplos como Chile, Brasil, Colombia que han desarrollado una importante actividad económica en torno al sector forestal.
Los beneficios que puede producir este sector, como ya lo he señalado, son innumerables pero se puede mencionar de manera resumida los más relevantes:
Mejoramiento de la calidad ambiental, fuentes de agua y la belleza escénica del país, lo que beneficia a otras actividades como la agricultura y el turismo.
La generación de proceso de desarrollo industrial y la selvicultura que aumentará la tasa de empleos con salarios competitivos. La madera significa desde energía hasta el papel, pasando por una serie de productos de gran valor agregado cuya demanda es creciente a nivel mundial.
Permitiría recuperar la productividad de miles de manzanas afectadas por las malas prácticas agrícolas y el deterioro de los mercados.
Para concluir quisiera recordar que los principales sicarios del bosque no son los agentes económicos del sector si no que las malas prácticas agrícolas y administrativas, pilares de la corrupción y la pobreza extrema de nuestro país.
El autor es licenciado en Biología y Recursos Naturales
Experto Forestal.