Enrique Padilla Santos
¡Qué barbaridad! Hasta las fuerzas de la naturaleza están contra nosotros. Cuando pensaba que se iba a imponer la ley, vino una noche obscura de terrible tempestad y la ley se ausentó de Nicaragua.
Malos ahuizotes. No puedo creer que esté la mano de la juez Juana Méndez que con el celular de Arnoldo (Alemán) se comunicó con Belcebú para dejarnos sin disfrutar de la ley, aunque sólo hubiese sido por una noche.
Dios salve a Nicaragua.