Norlan José Sánchez Paisano
Es comprensible que en Nicaragua los sectores comerciales quieran sacar provecho a una celebración importada como es la fiesta de Halloween. Pero me preocupa que una organización “benéfica”, irónicamente con el nombre de un santo, invitara a una fiesta de disfraces para celebrar lo frío, oscuro y muerto.
Por otro lado, en un suplemento de este Diario dedicado a los niños, del sábado 25 de octubre de 2003, criticaron las celebraciones en Masaya de los Ahuizotes y Torovenado, que son tradiciones nacionales de humor y rutina. Y presentaron Halloween como una fiesta de familia para compartir amor y cariño.
En realidad esa festividad es el culto a la muerte, su origen es la celebración a Samhaim. La costumbre de “un dulce o una travesura” se origina en la persecución de los protestantes de Inglaterra contra los católicos, en los años 1500 a 1700 después de Cristo. Y lo más grave es que el 31 de octubre es reconocido por los satanistas como víspera del año nuevo para la brujería. Entonces, cómo es posible que a nuestros hijos se les haga creer que es una festividad que agrada a Dios, si va contra los valores de la fe y el Evangelio.