Roman, Times, serif»>
Votar por el menos peor
La campaña electoral de Guatemala que culmina este domingo 9 de noviembre, ha demostrado cómo ese país centroamericano —igual que Nicaragua, aunque la situación guatemalteca es más complicada, por el agravante del problema indígena— avanza y retrocede al mismo tiempo, de manera angustiosa, como afectado por el castigo de Sísifo según suelen decir los filósofos.
Hay avance porque se celebran elecciones libres, aunque para eso tengan que ser súper-vigiladas internacionalmente. Y hay retroceso, porque se ha adueñado de las instituciones un grupo de políticos primitivos, corruptos e inescrupulosos.
Ciertamente, las elecciones de mañana se celebran en un clima de violencia y temor instigado al parecer por las mismas fuerzas gubernamentales, para que la gente no concurra masivamente a las urnas porque sólo así podría pasar a una segunda vuelta el partido Frente Republicano Guatemalteco (FRG), que está en el poder y propone la candidatura del general Efraín Ríos Montt.
Inclusive el Gobierno trató de impedir mediante un decreto que los medios de comunicación operaran durante el fin de semana, desde hoy sábado hasta el lunes inclusive, a fin de que no hubiese informaciones durante las elecciones. Pero esa malévola intención fue derrotada por la protesta de la opinión pública guatemalteca y la presión internacional, pues no puede haber elecciones legítimas donde no hay derecho a la libertad de información.
En las elecciones de mañana los guatemaltecos deben elegir al nuevo Presidente y a 158 diputados nacionales, 20 diputados al Parlamento Centroamericano y 331 alcaldes. Pero es tanta la degradación de esta contienda, que además de una mayoría de políticos tradicionales corruptos también aspiran a cargos de elección popular cinco generales retirados, principalmente el general Efraín Ríos Montt, quien ya gobernó el país en 1982-1983, después de un sangriento golpe militar de Estado, y bajo su gobierno más de cien mil personas murieron violentamente, según informes de organismos de la ONU. Sin embargo Ríos Montt ocupa el tercer lugar en las encuestas (11.4 por ciento de la intención de voto), y no tiene chance de pasar a una segunda vuelta que parece inevitable.
Pero no sólo militares retirados del Ejército son candidatos en estas elecciones, sino también comandantes de las antiguas guerrillas comunistas, como Rodrigo Asturias (alias Gaspar Ilón), candidato presidencial de Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca (UNRG). Otro ex comandante guerrillero, Pedro Palma Lau —el único de los antiguos líderes revolucionarios que ha admitido públicamente haber matado “enemigos” en combate—, dio un giro ideológico y político de 180 grados y ahora es candidato a diputado por el partido FRG del general Ríos Montt.
Según información que publicó LA PRENSA el jueves de esta semana, la última encuesta hecha en Guatemala por una empresa privada y a solicitud de algunos de los principales medios de información, indica que ningún candidato podrá ganar mañana la elección presidencial. Y que los dos principales: Oscar Berger del partido Gran Alianza Nacional (Gana), con 30.9 por ciento de la intención de voto, y Álvaro Colom, de Unión Nacional de la Esperanza (UNE), con 27.4, son los que irán a una segunda vuelta que deberá celebrarse el 28 de diciembre próximo.
En cuanto a las promesas de campaña, en términos generales todas son iguales y los políticos guatemaltecos ofrecen lo mismo que los de Nicaragua. Por ejemplo, Oscar Berger dice que: “Para eliminar la pobreza tenemos que crecer económicamente… Creo en cuatro pilares: condiciones para producir, inversión social, seguridad integral y bienestar con empleo para todos. Tendremos una Guatemala con oportunidades, la educación será fundamental”.
Por su parte, Álvaro Colom promete “seguridad pública, reactivación económica para generar empleo y reforzar educación y salud en particular en áreas rurales”.
En realidad, lo único importante para los guatemaltecos en particular y para los centroamericanos en general, es que las elecciones de mañana en Guatemala se puedan celebrar normalmente a pesar de la violencia previa desatada por los ex paramilitares que inclusive hace algunas semanas secuestraron a varios periodistas independientes.
Y ojalá que el pueblo guatemalteco pudiera escoger lo mejor del pobrísimo menú que le ofrecen para mañana, pues peor sería tener que soportar a una clase política corrupta, codiciosa e inescrupulosa, y ni siquiera poder votar por los candidatos menos malos.