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desde que nuestras instalaciones fueron tomadas y nuestro gerente general Juan Lorenzo Holmann fue detenido.

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Histórica tradición de amor a María

Justo Pastor Ramos*

San Juan de la Cruz decía: “De flores y esmeraldas, en las frescas mañanas escogidas, haremos las guirnaldas, en tu amor florecidas”; eso mismo pareciera decir en este tiempo Nicaragua católica y mariana al renovarse su fe y su amor a la gloriosa Madre de Dios, no importa los problemas económicos, sociales, económicos y políticos para expresar a la Virgen Purísima, reina de la paz, con verdadera alegría, el regocijo que causa su amor y pedirle que ilumine el corazón de todos los nicaragüenses para que florezca en el país la felicidad que tanta falta hace.

Diciembre es el tiempo para la paz, para la reconciliación y para el amor cristiano, es el tiempo de la historia y María madre del Maestro Divino, es la esencia mística cuyo culto de veneración se instituye en los siglos IV y V, celebrándose en su inicio el primero de enero, coincidiendo esta celebración con la fiesta romana de Las Extremas, que exalta a la mujer en un sentido pagano completamente opuesto a la santidad religiosa.

Viajando entre la corriente del tiempo la Iglesia Católica consecuente con las enseñanzas de Jesús que hablan del “amor divino” y de la existencia de su Padre omnisciente, creador del universo; en sus albores abre el camino a la veneración santificada con un concepto muy divino, el cual viene a ser el punto culminante de la historia eclesial que trascendiendo en el tiempo y límites geográficos, camina con el signo de la evangelización por Asia y Europa y, siglos más tarde, hasta nuestras tierras americanas, en las que Nicaragua, ante el estado colonial imperante, no podía ser la excepción.

La Virgen María es el símbolo más evidente de la fe, que bajo el signo de la Inmaculada Concepción de María es venerada en diferentes advocaciones, tanto que el primer convento religioso que se construye en Granada, como el castillo de Río San Juan, son bautizados con el nombre glorioso y angelical de esta reina del amor.

Evangelizadores ilustres como fray José Velasco en 1676 pronuncia en Granada, con motivo de la conclusión del Castillo de la Inmaculada Concepción, un histórico como fervoroso sermón, poniendo de manifiesto las virtudes sagradas de la Madre de Dios y fray Rodrigo de Betancourt en 1720 imprime la primera Novena que titula El Candor de la Luz Eterna, inspirando por entonces una sublime intensidad por la devoción que casi doscientos años atrás habían iniciado los padres misioneros de la orden franciscana en nuestra tierra y que el Papa Clemente XI instituyó como fiesta en 1708.

El seis de diciembre de 1854 el Papa Pío IX proclamó el dogma de la Inmaculada Concepción, y el siete de diciembre de 1857 el cura párroco de la Iglesia San Felipe de León, Gordiano Carranza, populariza con piedad religiosa esta fiesta realizando con mucha pompa una celebración en Acción de Gracias, después que nuestro país había pasado por momentos angustiosos ocasionados por factores políticos y militares. Se dice que el templo de San Felipe, esplendoroso, adornado con festones y flores naturales traídas del campo por los indígenas de Sutiaba, sin faltar el incienso de los altares, las alfombras y telones elaborados por las manos de hábiles artistas leoneses, los gofios, cajetas y turrones conjugaban el ambiente festivo reflejados con suma alegría en el semblante de los feligreses, tan notorio, que al llegar al templo el señor obispo para revestir con su presencia esta celebración, sorprendido en gran manera preguntó: “¿Quién causa tanta alegría?” y, los fieles muy alborozados le respondieron: ¡La Concepción de María!

Desde entonces se conoce este alborozo como la Gritería la cual había de traernos al alma una íntima comunión de amor con María Purísima que ostenta sagradamente en sus blasones el blanco de los lirios primaverales, la espuma de los mares y el candor de las azucenas que se despiertan en los jardines con el aroma del húmedo rocío y se le canta con el corazón llena de fe y esperanza “Pues concebida fuiste sin mancha, ¡Ave María! llena de Gracia, ¡Oh virgen, madre, nuestra abogada, refugio dulce de quien te llama!”

* El autor es historiador

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