LA DICTADURA NO PUEDE OCULTAR LA VERDAD

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desde que nuestras instalaciones fueron tomadas y nuestro gerente general Juan Lorenzo Holmann fue detenido.

con las instalaciones tomadas y nuestro gerente general Juan Lorenzo Holmann detenido.

¿Quién causa tanta alegría?

Arcadio Xavier Arana Poveda*

Narra el doctor Edgardo Buitrago en sus apuntes históricos sobre la ciudad de León, que ésta ha contribuido con sus fiestas y sus tradiciones populares al enriquecimiento de la cultura nacional. La forma en que se celebra las fiestas de las purísimas, de significación evidentemente nacional; y que, aunque originada y desarrollada desde los tres focos misioneros franciscanos que las crearon (El Viejo, León y Granada) León, como sede episcopal y arraigada fe mariana en el pueblo, supo imprimirle desde hace más de doscientos cincuenta años ese hermoso y agradable “sentido plebiscitario”: de recorrido callejero de las gentes por la noche del siete de diciembre, visitando los altares a la Inmaculada Concepción que se abren en casi todas las casas de la ciudad, para recibir a los miles de fieles que cantan y alaban a la Santísima Virgen María en su marcado privilegio, pero que por sobre la alabanza y el canto, está el “grito” que clama y proclama el reconocimiento por todos los creyentes de tal privilegio.

Es la forma con la que el franciscanismo quería hacer llegar al Papa, por medio del obispo, el deseo vehemente del pueblo porque se declarase dogma de fe lo más pronto posible la Inmaculada Concepción de María. Grito que dio lugar al surgimiento de esta grandiosa y desbordante “noche de la gritería”, que ha pasado a ser la forma típica y general de toda Nicaragua. Con las “purísimas” en todo el territorio nacional se han creado música propia de este tiempo; así como una dulcería, comidas, refrescos y arreglos de altares con flores propias de la temporada y adornos con “telones” alegóricos a la festividad. Estas fiestas de celebración de la Purísima Concepción de María es el tiempo para pensar que no hay nada que llegue al hijo sino es por medio de la madre, el milagro de Jesucristo en Caná fue a petición de María.

Por hacer un cotejo: imagínense que alguien conocido tiene una empresa importante multinacional y usted que necesita trabajo decide ir donde la madre de esta persona para que hable con su hijo, para que lo emplee. No es lo mismo que usted hable con la madre de la persona, o con el hijo, porque son extraños los casos en que la madre niega alguna cosa al descendiente, sólo por causales ajenas a su voluntad. Igual sucede cuando se le tiene que pedir a la madre celestial para que interceda en las peticiones que hacemos a su hijo, Nuestro Señor Jesucristo. La madre, igual que nuestra Madre Celestial, es la que nos tiene compasión, misericordia y nos cuida de noche y de día. La mayoría de apariciones han sido de la Virgen Santísima. Se demuestra con eso que el Señor nos manda a creer en ella. Por ejemplo, la Virgen de Guadalupe, Virgen de Cuapa, Virgen de Fátima (cuyo legado en su aparición fue rezar el Santo Rosario).

Es necesario pedir misericordia a nuestra Madre Celestial y a nuestro Padre, por todo lo que ocurre entre nosotros, como cuando Jesús entro a Jericó: al salir de ese pueblo. Él y sus discípulos junto una muchedumbre considerable, Bartimeo, un mendigo ciego, estaba sentado junto al camino. Al oír que era Jesús de Nazaret comenzó a gritar: “Hijo de David, Jesús, ten misericordia de mí. Hijo de David, Jesús, ten misericordia de mí”. Ante eso, muchos rigurosamente le decían que se callara, pero él siguió gritando mucho más: “Hijo de David, ten misericordia de mí. Hijo de David, ten misericordia de mí”. De modo que Jesús se detuvo y dijo: “Llámenlo”. Y llamaron al ciego, diciéndole: “Cobra ánimo, levántate; te llama”. Tirando su prenda de vestir exterior, el ciego se puso de pie de un salto y fue a Jesús. Y en repuesta a él, Jesús le dijo: “¿Que quieres que te haga?”. El ciego le dijo: “Rabboni, que recobre la vista”. Y Jesús le dijo: “Vete, tu fe te ha devuelto la salud”. Inmediatamente recobró la vista y lo siguió en el camino.

Con eso no enseña la sagrada Biblia que es indispensable que tengamos misericordia entre nosotros, y por eso hay que pedir a nuestra madre celestial, que es la única que intercede por nosotros, que tenga también piedad de los terrenales y que le pida a su hijo perdón para nosotros. ¿Y cómo se puede lograr esto? Pues rezando el rosario y saber que la única que nos dará y causara alegría es la Asunción de María.

* El autor es católico mariano

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