Reina García*
A propósito de las valoraciones de Jorge Eduardo Arellano sobre el Diccionario de Fraseologismos usados en Nicaragua
Leí detenidamente las observaciones del doctor Jorge E. Arellano sobre mi recién publicado Diccionario de Fraseologismos usados en Nicaragua (LA PRENSA, 23 de noviembre del 2003) y me llamó la atención su afán de valorarlo de forma poco ecuánime y con argumentos nada claros, ya que aborda diversos aspectos: unos referidos a la obra (la no validez de la terminología utilizada en este trabajo; la no inclusión de recopilaciones de otros autores; desacertada definición de algunos fraseologismos, y por último, cierto reconocimiento de la importancia de este trabajo); otros, relacionados con su apreciación sobre el prólogo del Diccionario; otros sobre las limitaciones del Breve Diccionario de Fraseologismos (publicado en 1996). Al final me deja la duda de qué será lo que echa sobre el Diccionario: ¿más de cal o más de arena?
Como consecuencia de esta mezcla de apreciaciones diversas resulta un tanto difícil seguir el hilo conductor de la exposición del autor, por lo que es necesario puntualizar sobre los aspectos medulares del artículo.
A pesar de los planteamientos del doctor Arellano sobre el Diccionario, me satisfizo el que iniciara su artículo con un reconocimiento a mi tutor de tesis, el connotado lingüista cubano Leandro Caballero; pero es significativa la omisión de mis otros mentores. Me permito mencionar a algunos de ellos como un deber de gratitud por el papel que jugaron en mi formación académica. En el Instituto Caro y Cuervo (Colombia): Germán de Granda, José Joaquín Montes, Luis Flores; en El Colegio de México (México): Hans Saettelle (con el que inicié mi tesis), Jorge Suárez, Juan López Blanch, Luis Fernando Lara, Raúl Ávila y José Moreno de Alba. También merecen igual reconocimiento mis maestros de la UNAN-Managua: Fidel Coloma, Julián Corrales, Guillermo Rothschuh T. y Elba Álvarez.
Es muy elocuente la subvaloración del Diccionario por la supuesta influencia cubano-soviética en mis investigaciones. Considero que es poco objetivo confundir lo científico con lo ideológico. Las teorías y métodos de análisis y sus aplicaciones no tienen fronteras ni etiquetas de este tipo; lo que importa es su validez y su grado de generalización.
Es necesario aclarar las siguientes afirmaciones hechas por el doctor Arellano, por imprecisas, inexactas o equívocas:
Los términos científicos están en diccionarios especializados, no en los de vocablos de uso general: el término fraseologismo nunca lo podrá encontrar en un diccionario general sino en uno de lingüística o en la literatura especializada sobre fraseología.
No hay que confundir un diccionario de frases con un diccionario de vocablos, en el que pueden insertarse fraseologismos de acuerdo con el criterio de ordenación de las palabras.
Considero pertinente ordenar alfabéticamente las frases por la palabra inicial, debido a que los fraseologismos tienen significado de conjunto y ningún miembro de éste tiene la significación preponderante.
El material de este Diccionario, como se explica en la introducción, está formado por fraseologismos recopilados del lenguaje oral, coloquial y espontáneo: conversaciones diarias, intervenciones de radioescuchas y televidentes en debates, reportajes, llamadas telefónicas. Las unidades fraseológicas no fueron tomadas de ningún trabajo anterior. Ésa es la razón objetiva por la cual no he incluido las recopilaciones hechas por el apreciado filólogo Carlos Mántica, ni las del estimado profesor Róger Matus.
En mi investigación partí de una muestra de fraseologismos usados en situaciones comunicativas espontáneas, y después de analizarlos procedí a organizarlos temáticamente, de acuerdo con su significado. Por lo tanto, fue el material recopilado el que me proporcionó los temas predominantes en el Diccionario, y no a la inversa, como don Jorge Eduardo supone.
A propósito de la ausencia de fraseologismos referentes al beisbol, una de las señaladas fallas del Diccionario, le sugiero a don Jorge Eduardo revisar a fondo el material y así comprobará que hay más de dos. Para muestra, la siguiente lista que a vuelo de pájaro rastreo en el material: Agarrarlo fuera de base, Andar con el de aluminio, Aprender a pichar su juego, Dejársela en la mano, Pichar de lado, Meterla de hit, Hacerle una seña, Volarse la cerca.
Es poco científica la valoración negativa que hace del Diccionario porque no utilizo los tecnicismos considerados por él como únicos para este tipo de trabajo. En las ciencias hay diferentes terminologías y el que realiza una investigación seleccionará la que considere pertinente a los objetivos trazados.
Efectivamente, es un exceso de machismo la interpretación que hace del fraseologismo Darle sopa de muñeca, que según él he definido desacertadamente, argumentando que sólo se aplica como una acción del hombre hacia la mujer. Sin embargo, también se usa cuando un hombre le da su buena trompeada a otro. Además, en nuestro medio es muy común que algunas mujeres ponen a raya a sus maridos borrachos e impertinentes a punta de sopapos, como lo sintetiza la frase: Ser el hombre de la Paula Pasos.
La frase Ser un chicharrón con pelo no significa “muy gordo y de carnes embutidas”, como dice Jorge Eduardo, sino que alude a una “situación muy difícil”. Esa definición que él le asigna más bien corresponde al fraseologismo Parecer nacatamal pindongo, definido así en el Diccionario.
Agradezco al doctor Arellano sus valoraciones, las que positivas o negativas siempre son bienvenidas, y me han servido de acicate para seguir adelante en mi labor. Ojalá estas aclaraciones permitan a los lectores apreciar en su justa medida la importancia que esta obra tiene para el conocimiento de las raíces de nuestra cultura e identidad nacional.
* La autora es directora del Centro de Investigación
de Lenguaje y Literatura, CILL UNAN-Managua.