Mario Ruiz Castillo*
Una tradición muy nicaragüense es sin duda la Gritería, que se celebra el siete de diciembre de cada año con canciones especiales, dulces propios para esa ocasión, la chicha bruja, los gofios, alfajores, “lecheburras”, cajetas diversas, limón dulce, bananos, naranjas, mandarinas, la matraca, pitos, caña, churros, ayote con miel, coyolitos y canastas. No falta quien se adelante a la Navidad y ofrezca un pequeño juguete a los niños.
Por supuesto que en la Gritería abundan las triquitraques, bombas, buscapiés y cohetes, que hacen de esta celebración una fiesta inolvidable para la población, incluso para personas con otras creencias. Por ello no es raro que todos vayan a gritar sin distingos de credos y clase social: “¿Quién causa tanta alegría?” Éste es el grito que se oye por doquier ante los altares que preparan miles de personas en sus hogares. La Gritería es más que simples cantos y ofrendas; cuando se va a “gritar” vamos por el paquete, que no cae mal, o por la caña, por devoción y tradición.
En esta celebración damos un poco de lo que poseemos, nos dice de solidaridad, es un desprendimiento en beneficio de gente que desconocemos; es una fiesta abierta, sin invitación, o mejor dicho, todos estamos invitados. Recibir un confite o un boli después de haber cantado, nos habla de una mínima recompensa por nuestros cantos; pero nos den o no, cantamos y celebramos con júbilo, con el mismo ánimo y fe. Una lecheburra, o un huevo chimbo basta como brindis, y vamos al siguiente altar donde espera un limón dulce, viene la chicha, por allá dan pitos, en otros una estampa, y así sucesivamente.
La pólvora que con derroche se enciende hoy expresa la idiosincrasia de un pueblo alegre y bullicioso, extrovertido y rebelde a todo sometimiento.
La detonación de bombas que normalmente evoca violencia tiene en esta celebración un significado de algarabía y alborozo; sin ruido detonante pareciera que no hay alegría, toda la fiesta es acompañada con música y canto, pero además, unida en forma inexorable está la pólvora infaltable en estas festividades.
Los cantos, brindis y altares están por todos lados, en todo el país. Ciertas familias celebran esta fiesta con invitación y en forma cerrada. Es la Purísima, aunque no es popular es otra forma de celebrar con los parientes y amigos. Granada festeja diferente, con el mismo fervor y fe; allí no hay brindis, no hay altares en casas, pero son bellos los altares en cada barrio y la fiesta es fastuosa, sin cohetes ni estruendos.
Cada siete de diciembre una industria artesanal emerge con sus ventas y prolifera la generosidad y disposición de entonar los cánticos y recibir una pequeña ofrenda, resalta lo nacional. Ojalá que el comercio, la industria y todos en general sigamos promoviendo esta tradición, como se hace con otras tradiciones foráneas. Den o no, la Purísima tiene su canto y es homenajeada, y hoy día de la Gritería se oye por doquier: ¿Quien causa tanta alegría?
* El autor es abogado