Rosario Montenegro [email protected]
Cuando el padre Miguel Mántica fue asignado como párroco en el barrio Nueva Vida, se propuso cambiar un poco la vida de sus habitantes y hoy cree que por lo menos así lo ha hecho con 200 niños, pero confía que con la ayuda de personas de “buen corazón” el número será mayor
Como parte de su misión evangelizadora en el nuevo rebaño que le había sido asignado, el padre Miguel Mántica decidió empezar a recorrer y visitar cada uno de los hogares de sus ovejas del barrio Nueva Vida, fundado en 1999 con mil familias damnificadas de la zona costera del Lago Xolotlán, después del paso del huracán Mitch.
El cura no quería quedarse sólo con la prédica en el templo, pretendía conocer, ver y escuchar la problemática de estos habitantes, a quienes la naturaleza les había arrebatado sus humildes viviendas y junto con ellas todos sus enseres, pero que conservaban lo más preciado: sus vidas.
El panorama que observó no era halagador: familias desintegradas, en su mayoría madres solas con seis, ocho y hasta 14 hijos que mantener, problemas de salud, falta de educación, niños desnutridos, delincuencia juvenil y drogadicción.
Pero como si eso fuera poco descubrió que en muchas casas los niños quedaban solos, incluso muchos lactantes que quedaban al “cuido” de sus hermanitos mayores. “Mucha gente me decía: padre denúncielas ( a los madres) con el Fonif (organismo estatal, entonces encargado de la protección de la familia)”, recuerda el religioso.
EN BÚSQUEDA DE UNA NUEVA VIDA DE VERDAD
Por la mente del cura pasaron miles de ideas sobre lo que podía hacer para contribuir a que su rebaño tuviera un mundo distinto, una nueva vida de verdad. Pensó en un proyecto para atender a los jóvenes con problemas de drogadicción, “pero ése es un proyecto costosísimo y no era garantía de solución porque al final los chavalos siempre vendrían a caer al mismo ambiente”, reflexiona.
Denunciar a las madres que dejaban solos a sus hijos fue una alternativa que nunca consideró, pues estaba claro que el problema de fondo era de pobreza, más bien de extrema pobreza.
“Esas madres los dejaban solos porque tenían que ir a trabajar, no tenían otra alternativa, ¿con quién los iban a dejar?”.
Fue así como el padre Miguel llegó a la conclusión que la mejor obra que podía hacer en ese momento era construir un local en donde los pequeños pasaran el día y recibieran protección, cariño, alimentación y educación, además pensó que de esta forma además de resolver el problema de abandono quizás podría salvarlos del mundo de las drogas y la delincuencia.
Es así como dos años después, en el 2001, inauguró la Guardería Preescolar San Martín de Porres, que actualmente alberga a 200 infantes, desde lactantes hasta adolescentes.
“Conseguir ayuda para construir el local no fue difícil, lo que no es tarea fácil es lograr ayuda para mantenerlo”, dice Mántica.
A mediados de 1999, cuando aún estaban frescas las escenas de la tragedia provocadas por el huracán, no era difícil conseguir ayuda internacional y sobre todo para el barrio Nueva Vida, “que se convirtió en la cara del Mitch”.
En la construcción de la guardería preescolar apoyaron países como Italia, Inglaterra y Estados Unidos, y muchos otros organismos que estaban prestos a colaborar.
Aunque reconoce que actualmente cuenta con el apoyo de un Club de Padrinos, en donde a cada miembro se le hace un cargo automático en sus tarjetas de crédito, eso no es suficiente para cubrir el pago de los 26 empleados, la alimentación, los uniformes de los pequeños y todo lo que implica el mantenimiento de este centro.
A las madres se les pide una colaboración simbólica de diez córdobas, pero aún así muchas no pueden darla y lo que hacen es compensarlo ofreciendo un día de trabajo en la guardería.
QUIERE LLEVARLOS HASTA EL SEXTO GRADO
El padre Miguel tiene proyectos de extender la construcción porque su objetivo es ampliar la cobertura hasta sexto grado para garantizar una buena base a los pequeños, que son recibidos desde mes y medio de nacidos en adelante. “Aunque es importante la atención que ahorita les damos, todavía no es suficiente para su formación”.
El cura tampoco está satisfecho con los salarios que se les paga a los trabajadores y quiere aumentárselos. “Queremos subir los salarios, es que el trabajo que aquí se hace es inmenso, queremos albergar más niños, aquí no tenemos ni la cuarta parte de los que hay en el barrio, queremos arreglar el techo…” y sigue enumerando la larga lista de necesidades.
Sin embargo, las limitaciones económicas no lo amilanan. “Siempre vemos la Providencia del Señor y estamos seguros que muchos nos van ayudar con este proyecto. Lo más bello es que vinieran a visitar el centro para que puedan observar la obra, ver a los niños, no es lo mismo que yo les cuente que lo vean con sus ojos”, con esta invitación el padre Miguel Mántica confía que su proyecto de protección y formación de la niñez de Nueva Vida va a encontrar muchos benefactores.
HERMANAS DE LA ANUNCIACION AL FRENTE DE LA GUARDERIA
La Guardería Preescolar San Martín de Porres está rectoreada por la hermana Rocío Cortés, de la Congregación Hermanas de la Anunciación y junto a ella trabaja otra hermana más y tres prenovicias, además del resto del personal que se encarga de la educación, limpieza, vigilancia y alimentación de los niños, entre otros.
Las madres llevan a sus hijos a las siete de la mañana y los retiran a las cuatro y media de la tarde. Explica la hermana Rocío que los niños en cuanto llegan reciben su uniforme y su desayuno, también almuerzan y por la tarde reciben una merienda.
Los niños menores de cinco años están divididos en cuatro salones: gateadores, caminantes, párvulos y los que están en pre-escolar.
A todos estos pequeños después de recibir su almuerzo, se les enseña el uso de los servicios higiénicos, luego son bañados y finalmente se dan una rica siesta, antes que sus madres los lleguen a retirar.
También existe otro grupo de niños extra edad que cursan primero y segundo grado. El próximo año esperan contar con el tercer grado de primaria.
Según la hermana Rocío, en su gran mayoría los niños de primaria han sido rescatados de las calles, porque eran trabajadores o con problemas de vagancia.
El centro se mantiene con el aporte de diez córdobas que pueden dar algunas madres. “Las que no pueden darlo nos apoyan con un día de trabajo, ya sea limpiando, lavando los uniformes de los niños o cocinando”.
También señala que hay una señora llamada María Margarita que les envía una provisión mensual “y el padre Miguel que nos apoya con lo que consigue en los supermercados”.
Reciben apoyo y asesoría de un programa del Ministerio de la Familia y del organismo internacional Save the Children.
Por su parte el padre Miguel Mántica destaca la labor de las Hermanas de la Congregación de la Anunciación. “Dios me puso en el camino a las hermanas, la experiencia de ellas en el campo de la educación y cuidado de los niños es inmejorable”.
DOS MUNDOS
El padre Miguel Mántica tiene 40 años de edad y 14 de sacerdocio. Es Diocesano, no pertenece a ninguna congregación por lo que depende directamente del Obispo de su Diócesis, en este caso del Cardenal Miguel Obando y Bravo. Aunque proviene de una familia acomodada, dice conmoverle mucho los problemas que enfrentan los pobres y dedica gran parte de su tiempo en proyectos sociales.
Reconoce que son dos mundos totalmente distintos, el de donde proviene y el que le ha tocado atender.
“Cuando uno está en la comodidad se vuelve egoísta, no se entiende lo que puede pasar en el interior de un niño que está en los semáforos, se tiene que conocer al Señor para sensibilizarse y para no ser indiferente”.
Desde 1999 es cura párroco de las zonas 5 y 6 de Ciudad Sandino y del barrio Nueva Vida, también atiende dos comunidades rurales.
También imparte clases sobre la historia de la Iglesia como parte de la formación permanente del clero.
Actualmente es presidente de la Fundación Nueva Vida, organización que se encarga del mantenimiento de la Guardería Preescolar San Martín de Porres. El resto de integrantes de esta fundación son: César Zepeda, vicepresidente; María José Aguilera, secretaria; Roberto Vargas, tesorero; Arturo Cruz, fiscal y los directores: Horacio Rappacciolli, Silvana Lacayo y Paulino Castellón.
UN JUGUETE EN NAVIDAD
“Yo quiero pedir a todas las personas que puedan colaborar que en esta Navidad me les den un juguete a los niños de la guardería, no quiero que se queden sin recibir sus regalos”, solicitó el padre Miguel Mántica, presidente de la Fundación Nueva Vida.
