Luis Alemán Saballos [email protected]
Con su rostro totalmente desfigurado y doblado sobre un cajón, quedó el cadáver del vigilante Concepción Adrián Castro, de 44 años, quien supuestamente disparó accidentalmente su arma de reglamento, una escopeta calibre 12, cuando la tenía con el cañón hacia arriba y muy cerca de la cara.
El hecho pudo ocurrir entre las 5:00 y las 6:00 a.m. de ayer ocho de diciembre, cuando se encontraba cumpliendo sus labores de vigilante en la construcción del proyecto habitacional, Paseo del Valle, 100 metros hacia el norte de la entrada al camino de San Isidro de Bolas.
El cadáver de Castro fue descubierto por su supervisor, cuyo nombre no fue revelado, quien llegó al lugar a realizar la última ronda.
Fernando Narváez, de la empresa de protección y servicios varios, compañía en la que trabajaba el occiso, señaló que la muerte de su compañero de labores fue producto de un disparo de escopeta. “Presumimos que fue su escopeta, puede ser que se haya dormido, eso suele ocurrir”, afirmó Narváez.
Narváez detalló que Castro se comunicó con el puesto de mando de la empresa a las 2:40 a.m. del lunes, informando que había realizado dos disparos de escopeta porque había detectado la presencia de desconocidos en los predios del proyecto.
Relató que el supervisor de turno lo visitó y juntos hicieron un rondín por donde supuestamente habían penetrado los desconocidos, luego cuando tenían todo bajo control, se retiró cerca de las 3:00 a.m.
La señora Thelma del Socorro Rivera Leytón, esposa del ahora occiso, rechazó que su esposo se haya suicidado. “No creo que haya sido un suicidio, él se despidió de nosotros muy contento, no tenía problemas con la familia, ni con su trabajo y siempre se mostró muy feliz con sus nietos, no creo que haya tenido razones para matarse, indicó.
Castro vivía en el barrio Julio Buitrago, del Ministerio del Trabajo, dos cuadras hacia abajo y una cuadra hacia el lago.
