Retos del profesional del siglo XXI

Milton José Narváez Sandinomilton.narvaez@udb.edu.sv Los tiempos cambian y cada día este proceso de transformación se ve acelerado por la tecnología y la globalización, y como profesionales, para estar en el medio es imperativo ir al mismo ritmo de dichos cambios. Las necesidades sociales actuales difieren de las que pudieron tener nuestros padres y abuelos, asimismo, […]

Milton José Narváez Sandinomilton.narvaez@udb.edu.sv

Los tiempos cambian y cada día este proceso de transformación se ve acelerado por la tecnología y la globalización, y como profesionales, para estar en el medio es imperativo ir al mismo ritmo de dichos cambios.

Las necesidades sociales actuales difieren de las que pudieron tener nuestros padres y abuelos, asimismo, los requerimientos y exigencias laborales son diferentes. Antes, ser un profesional exitoso dependía de la solidez de la enseñanza de las instituciones de educación técnica y/o superior y las posibilidades económicas del individuo; un título de licenciado, ingeniero o doctor, aunado a alguna experiencia media, eran suficiente para aspirar a una buena plaza de trabajo. Pero ahora la realidad es otra, las exigencias son mayores y la competencia es creciente.

El profesional del siglo XXI debe tener mentalidad visionaria. Ya no basta únicamente con tener un título universitario. Las exigencias del medio demandan contar con una maestría y/o postgrado, dominio de al menos una segunda lengua, conocimientos básicos de computación (manejo de software de ofimática, navegadores de internet, correo electrónico) y contar con vasta experiencia en el entorno laboral. Todo esto podría quizá frustrar si se le ve de manera calculadora y fría, pero ésa no es la intención; la solución está en trazarse un proyecto de vida profesional, que garantice una autocapacitación permanente.

Siguiendo este contexto, el rol y las exigencias de los profesionales actuales ha cambiado; ahora se habla de certificaciones y acreditaciones, siendo la gestión de la calidad el nuevo paradigma. Para ser un profesional competitivo no basta con el título profesional, es necesario desarrollar otras competencias (habilidades).

Volviendo al proyecto de vida, es saludable trazarlo desde el momento mismo de entrar a la universidad: primero, elegir la profesión adecuada, ya que ésta probablemente sea una decisión que repercutirá para toda la vida (si es posible, buscar orientación profesional). Segundo: desarrollar habilidades con el uso de la computadora y las TIC (Tecnología de la Información y la Comunicación), independientemente de la carrera que se haya elegido. Tercero: aprender al menos una segunda lengua (inglés o francés); es necesario estar conscientes de la necesidad que implica poder hablar una segunda lengua, el sólo hecho ya abre muchas puertas. Cuarto: afiliarse a asociaciones o colegios profesionales; éste es un paso estratégico que se debería dar durante el último año de la carrera universitaria, pues brinda el beneficio de ser representado por profesionales expertos y permite intercambio y retroalimentación de conocimientos y experiencias. Aparte de ello, las asociaciones o colegios profesionales serán en un futuro muy cercano los representantes o mediadores directos entre los profesionales locales y la competitividad mundial.

Prueba de ello es que Estados Unidos no ofrece en las negociaciones del TLC con Centroamérica entrada a los profesionales, ya que éstos deben reunir cuatro requisitos fundamentales para su inclusión al mercado laboral norteamericano: educación (demostrar cuánto domina la profesión y el grado académico alcanzado); experiencia (demostrarla por medio del colegio al que el profesional pertenece); examen de equivalencia (homologar el grado académico y someterse a evaluaciones de actualización); y examen sobre conocimientos del idioma inglés, las normas de la profesión y las leyes del estado (para obtener la licencia o autorización).

Por todo ello, y como último punto, hay que trazarse una estrategia de capacitación continua. La estrategia puede ser orientada con dos enfoques: acreditación a través de estudios de postgrado, maestría o doctorados; y participación e involucramiento directo en congresos, seminarios y conferencias.

Finalmente, hay que estar conscientes de que el graduarse y pertenecer a una asociación o colegio profesional, no es el fin, sino el comienzo de una vida competitiva, que puede ser de éxitos o frustraciones. Las pautas están dadas, éstos son los retos de los profesionales del siglo XXI.

El autor es ingeniero, catedrático de la Universidad Don Bosco y miembro de la Asociación Salvadoreña de Profesionales en Computación (ASPROC).

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