“Gordocidad” en Nicaragua

Marco A. Mayorga L. El artículo Sobre la época de la “globesidad” (LA PRENSA, domingo 28 de diciembre de 2003), Jorge Ramos dice que un futuro inmigrante hindú contestó: “Quiero vivir en un país donde la gente pobre es gorda”. “En EE.UU. 64 por ciento de adultos —127 millones de personas— son gordos o están […]

Marco A. Mayorga L.

El artículo Sobre la época de la “globesidad” (LA PRENSA, domingo 28 de diciembre de 2003), Jorge Ramos dice que un futuro inmigrante hindú contestó: “Quiero vivir en un país donde la gente pobre es gorda”. “En EE.UU. 64 por ciento de adultos —127 millones de personas— son gordos o están sobrepasados de peso, según National Center for Health Statistics. La gordura incrementa los riesgos de diabetes, cáncer del colon y la próstata, hipertensión, y enfermedades del corazón, entre muchas otras”.

Además de la mala alimentación —que promueven algunos restaurantes de comida rápida—hay que sumar la abundancia de comida. En Estados Unidos sobra la comida. Es el país de las porciones gigantes; la comida se desborda por la orilla de los platos.

En Nicaragua los gordos o pasados de peso no son los ricos ni los pobres campesinos, ni las personas en el subempleo. Unos han adquirido nuevas culturas de dietas; otros comen poco por escasez, trabajan duramente y queman grasas. Los gordos de Nicaragua son una gran parte de la población aún sin determinar. Es conveniente tomar precauciones ante la comida chatarra, pero la amenaza en Nicaragua ya es una realidad que no hay que esperar.

En Managua sólo hay que caminar a cualquier hora por los principales mercados; visitar diferentes puntos populares de desayuno, miles de ventas de toda clase de comidas de media mañana, centenares de vendedores de bocadillos, miles de fritangas desde las cuatro de la tarde hasta las nueve de la noche. Lo común es observar personas obesas. En los mercados y en cada negocio es posible ver a alguien comiendo y con un cuerpo pasado de peso. La costumbre alimenticia de Nicaragua está orientada hacia la gordura. Así como las papas fritas en EE.UU., en la dieta diaria de Nicaragua existe una gran variedad de fritos igual de dañinos. Con las actuales costumbres de comida nicaragüense popular cualquier persona que mejora su nivel adquisitivo, fácilmente se convierte en pasado de peso. Existe también la costumbre de platos desbordados, como si fuera la última vez. Resulta imposible dejar de engordar consumiendo esta gran cantidad de calorías, aún caminando o con trabajo pesado ocasional.

La mayoría de los nicaragüenses gordos no lo son por consecuencia de la comida chatarra a que se refiere Jorge Ramos, sino como resultado de una cultura de alimentación popular. Se inicia con la costumbre generalizada de no desayunar en casa, de hacerlo al paso muchas veces, incluyendo refresco gaseoso, a media mañana continúa con más comida, almuerza, come a media tarde y probablemente termina el día con una fritanga. Muchos de estos alimentos no son sanos, tienen exceso de aceite, grasa, azúcar y carbohidratos. Y en su mayoría no están bajo control del Ministerio de Salud.

La obesidad en Nicaragua merece estudio y atención inmediata; es cierto que es una decisión personal seleccionar el tipo de alimento que se ingiere, escoger entre alimento que proporciona energía y salud o comidas dañinas que afectan a miles de nicaragüenses que no son cuidadosos con su salud. El padecimiento de trastornos digestivos es muy generalizado y no existe cultura de análisis de colesteroles, triglicéridos, azúcar, etc.

Las enfermedades estomacales, gastrointestinales, congestiones, empachos, etc. —causadas por la mala, insalubre y desordenada alimentación— representan un gran porcentaje de faltas al trabajo en Nicaragua.

Hay interés de instituciones o grupos de personas en tomar iniciativas para promover la conciencia del cuidado personal y la preparación de comida popular con ingredientes y procedimientos sanos. Existe una gran variedad de comida típica o popular sanas y balanceadas, pero hay otras que producen igual o peor daño que a los norteamericanos; sin embargo, parece que en Nicaragua hasta hoy esta situación no es importante, además que los recursos para estos programas son escasos, por lo que el cuido, preocupación o decisión deben tomarse a nivel personal o familiar.

El autor fue presidente de la Cámara de Comercio de Nicaragua.