Carlos Guadamuz: “Ni loco ni malquerido: Sólo polémico”

El 16 de enero del 2000, LA PRENSA retrató al político y periodista asesinado,, en esta entrevista donde Guadamuz relató su amistad y divorcio con Daniel Ortega, de quien dijo acostumbraba humillarlo y atropellarlo en público porque “no reconoce lealtades, sólo servidumbre”

Carlos Guadamuz, ex director de Radio Ya.

Carlos Guadamuz, ex director de Radio Ya.

Hasta hace poco decir Carlos Guadamuz era como decir Daniel Ortega. Atrincherado en la radio del primer lugar, Guadamuz era la voz del líder del Frente Sandinista, por ratos destrozando adversarios con su verborrea implacable, a menudo salpicada de insultos, o bien movilizando masas para apoyar cualquier causa en la que estuviera involucrado Ortega o el mismo Guadamuz cuando ya decidió hacer carrera política por cuenta propia.

Guadamuz fue durante muchos años el “enfant terrible” de la radiodifusión, hasta la víspera de Navidad cuando gobierno y Frente Sandinista se confabularon para despojarlo de todo lo que tenía. La amistad de sangre con Daniel Ortega, como Guadamuz le llama, había llegado a su fin. Carlos Guadamuz fue sacado de las instalaciones de Radio Ya, Telcor le quitó sus frecuencias, el partido lo inhibió como candidato a alcalde y luego lo expulsó. Todo en cosa de horas.

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“Soy un muerto civil”, dice Guadamuz, de 54 años, en esta entrevista para LA PRENSA en la que cuenta las peripecias de su vida entre las que se cuenta su paso por el Hospital Psiquiátrico y el intento que hizo una vez de secuestrar un avión disfrazado de mujer.

—¿Usted era, hasta hace poco, uno de los leales a Daniel Ortega?

—El rompimiento entre Daniel y yo se da desde las elecciones del 96, cuando él orienta el voto cruzado. A partir de ese momento una amistad de sangre se rompe porque yo siento una traición. A mí Daniel Ortega me quita la Alcaldía de Managua al orientar el voto cruzado, que era darle el voto para presidente a él y el voto para alcalde a Herty Lewites.

—¿Por qué cree usted que se rompe esa amistad?

—Por celos de liderazgo. En la consulta popular yo barro. Mi contrincante fue Emmet Lang, que era el representante de la estructura del partido y le pegué una enorme barrida, lo cual demostró que yo tenía una popularidad por encima de las estructuras. Cuando Daniel ve que hay un liderazgo natural, el presupuesto que ellos hacen es que si Guadamuz gana la Alcaldía de Managua se convierte automáticamente en el verdadero líder del partido, porque acordate que el poder une.

Si yo llego a la Alcaldía de Managua, el sandinismo hubiera dicho: ese es el hombre, porque la Alcaldía no sólo es una fuente de poder sino una fuente de recursos.

—¿De dónde viene esa amistad de sangre que usted dice hubo entre Daniel Ortega y Carlos Guadamuz?

—Nosotros nos criamos en el Barrio San José. Mi familia, mi abuelita y mi tía, trabajaban frente a la Iglesia San José. Yo pasaba todo el día en esa casa porque era una pulpería enorme, ellas eran empleadas domésticas. Los Ortega vivían a la cuadra, en la colonia Somoza, y llegaban mucho a esa pulpería.

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Después, ya en el sesenta, hay una amistad política cuando nos encontramos en la Juventud Patriótica Nicaragüense…

—¿Estuvo usted en algún momento en la guerrilla?

—En la guerrilla urbana.

—Siempre al lado de Daniel.

—Siempre estuvimos juntos, como guerrilleros.

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—¿Pero había una amistad de por medio?

—Claro que sí. Lo que quiero desvirtuar es como que Daniel era la gallina y yo estaba bajo su ala. No, si comenzamos juntos esta lucha. El día que cayó preso Daniel caímos presos juntos. La primera acción guerrillera a la que se metió Daniel se metió conmigo.

—¿En esa lealtad que usted tuvo a Daniel Ortega, usted siente que fue utilizado por él?

—En muchas ocasiones. El problema de Daniel es que confunde la lealtad con la servidumbre. El no diferencia. Como su hermano Humberto, vos sos un sirviente de él. En muchas ocasiones yo fui víctima del atropello personal de Daniel.

—¿Por ejemplo?

—Él me atropellaba mucho cuando estábamos en el gobierno, incluso. Me humillaba delante de los demás compañeros. Sin embargo, yo mantuve esa lealtad con él. Pero esa lealtad terminó cuando él me traicionó con lo del voto cruzado.

—Su estadía más larga en la cárcel entiendo que fue cuando intentó secuestrar un avión… ¿Cómo fue eso?

—En 1968 la Seguridad arma una redada contra el Frente Sandinista, en diciembre. Cae preso un grupo grande. Queda solito como jefe del Frente en Nicaragua Julio Buitrago, y él manda a reclamar que por qué toda la gente está en Costa Rica discutiendo mientras él está aquí solito con cuatro guerrilleros. Atendiendo el reclamo que hace Julio me mandan a mí de La Habana a Nicaragua con Enrique Lorente. En efecto, la guerrilla estaba en un estado muy lamentable. ¡La guerrilla en Nicaragua éramos seis nada más! Lo de aquí también se refleja en Costa Rica. En Costa Rica comienza otra redada, entonces la solución es que alguien vaya para Cuba para ver cómo se restablece la cosa, porque aquí el único que quedó al mando fue Efraín Sánchez. Ahí es donde se decide que yo me vaya para Cuba.

—¿Solo?

—No. Voy con otros compañeros. En el aeropuerto nos íbamos a juntar dos grupos. Uno que venía de León y yo que venía de Managua. Pero parece que el de León tuvo algún problema. Entonces me dice a mí la Olga López: o nos devolvemos o te vas. El problema es que si te vas te tenés que ir solo. Pues me voy solo, le digo, pero esto no puede quedarse así. Lógicamente solo no podía hacerlo porque ya la Seguridad tenía sospecha de la intención de desviar un avión.

—¿Es cierto que para esa ocasión usted iba disfrazado de mujer?

—Sí, sí.

—Y he oído también que lo capturan precisamente porque no sabía manejar los tacones.

—No, no. El problema es que el disfraz iba a ser de sacerdote. Hay que ver que andar clandestino en Managua era terrible. Lo que pasa es que la guardia andaba tras un sacerdote que me parece era de apellido Zúñiga, entonces descartamos el disfraz de sacerdote. Entonces disfrazate de mujer. Para mí eso es babosada.

Cuando tomo el avión salgo a donde están los pasajeros a informar que vamos para Cuba. Entonces viene el copiloto y me empuja, y cuando yo me volteo para donde el copiloto con la pistola, un agente de la Seguridad comienza a disparar y me pega un balazo (en la pierna). Yo en los primeros momentos no siento el balazo pero cuando me apoyo caigo porque tengo la pierna quebrada por el balazo.

—¿Usted ahora se ha peleado con todo mundo?

—Si vos tomás una posición de crítica, lógicamente te vas a echar encima a aquellos a quienes has criticado. Por ejemplo, dicen que Guadamuz ha criticado al Cardenal Obando. Pero si todo el mundo lo ha criticado. LA PRENSA lo ha criticado.

—Lo que se ve, sin embargo, es que usted pasa rápidamente de la crítica al insulto y al descrédito de las personas.

—Ese es el problema de usar la palabra insulto sin que sea insulto. Si yo le digo a una persona que es un traidor es porque es un traidor.

—Le voy a poner un ejemplo: el caso de Sergio Ramírez, su familia y la comandante Dora María Téllez, de quienes usted dijo cosas de las que recientemente pidió perdón.

—Es que a mí también me estaban atacando. A mí me tenían bajo un ataque profundo en los medios que dominaba Sergio Ramírez. Eso es lo que se obvia. A mí prácticamente era el que había designado el Frente Sandinista para enfrentarme a Sergio Ramírez. No es que el pobrecito de Sergio, vine yo e indefensamente lo ataqué. Incluso, cuando se dio ese caso, que para hacer una aclaración histórica no lo dije yo, fue una información que me pasó Lenín Cerna en presencia de Julio López. Úsalo, me dijo. Yo andaba arrecho porque ese día o un día antes en una de las publicaciones que apoyaban a Sergio Ramírez me habían sacado una cosa que yo consideraba grave contra de mi persona. Yo estaba enfurecido. Entonces me dice Lenín, ahí tenés, dale ese vergazo.

—Siempre sus detractores han señalado que usted es un enfermo mental…

—Como vos decís, detractores. ¿Cómo un enfermo mental puede ser director durante 16 años consecutivos de la radio del primer lugar, la que tiene mayor audiencia? Entonces en este país estamos locos todos.

—¿Usted recibió tratamiento psiquiátrico?

—Cuando estuve en la cárcel sí. Como yo fui violentamente torturado. Acordate que en la época de Somoza las torturas eran terribles. Y lógicamente habían ocasiones en que lo mandaban al hospital a uno después de una tremenda golpeada.

—¿Estuvo en el Hospital Psiquiátrico?

—Una de las veces fui al Hospital Psiquiátrico, pero a consecuencia de las torturas.

«Guadamuz no se rajó»

El coronel G.N. Bernardino Larios viajaba en el avión que intentó secuestrar Carlos Guadamuz en 1969. Este es el relato de ese episodio que hizo el militar al periodista Eduardo Marenco en LA PRENSA el 17 de julio del 2000.

—¿Usted detuvo a Carlos Guadamuz cuando él intentó secuestrar un avión vestido de mujer?

—(Sonríe) ¡Ay Dios mío!… Yo iba a Bluefields a hacer un trabajo de ingeniería en la planta eléctrica. Ya cuando íbamos levantando vuelo, vi a una señora vestida de negro hablando con la aeromoza. De pronto la aeromoza salió corriendo a la parte trasera y me levanté a preguntarle qué había ocurrido. ¿Qué pasó Lupe?, le dije… ¡Hay una mujer armada en la cabina!, gritó… Regresé a mi asiento y hablé con Francisco Castillo, un chofer de un coronel que iba a mi lado, le dije que había una mujer armada en la cabina. El fue más preciso: “No… yo le vi las pantorrillas… es hombre”, me contestó. Entonces le dije que cuando ella saliera de la cabina del piloto debía ser desarticulada por uno de los dos.

—¿Y cómo logran detener a Guadamuz?

—Cometió el error de salir de la cabina para gritar en el pasillo: ¡Viva el Frente Sandinista!… con una pistolita cañón corto, tal vez una 22. En ese momento, yo cometo un error al tomar una revista para aparentar leer. Me dije, ¡qué estúpido que soy, quién va a aceptar que estoy leyendo! Y me veo el pantalón kaki. Me entró miedo porque si ese hombre sabe que yo soy militar, me mata.

Eso definió toda mi situación porque en ese momento no tuve la menor duda de lo que haría. Él estaba a un metro de distancia mía, aunque yo lo veía como a un kilómetro. Hasta que me le tiré encima. Se produjo el primer disparo. Otros se le tiraron encima. Yo no le solté la mano con que él sujetaba la pistola, pero Guadamuz era más fuerte que yo y no se la pude quitar. Los pasajeros se levantaron y le dieron una zurra de padre y señor mío, le quitaron los brassieres y todo. Él andaba pelón. El piloto le quitó la pistola. Lo amarramos. Y Carlos Molina le metió un balazo en la rodilla. En ningún momento se rajó Guadamuz.

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