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Un dardo al centro
El periodista Carlos José Guadamuz fue asesinado ayer enfrente del medio de comunicación donde transmitía a diario su programa de opinión ‘Dardos al Centro’. Algo muy significativo, como para que no quedara ninguna duda de que no sólo se quería matar al periodista sino también sus ideas y opiniones. En realidad, matar a un periodista es un doble asesinato: se mata a la persona y se mata a la libertad.
El asesinato de Carlos Guadamuz es, pues, como un dardo clavado en el centro de la libertad de expresión. Además es un ataque contra todos los periodistas y contra todos los ciudadanos nicaragüenses, cuyo derecho más sagrado y conquista democrática más importante es poder decir libremente lo que se piensa, sin más límite que lo establecido en la ley para la protección del derecho ajeno.
Ahora bien, por el asesinato del periodista Carlos Guadamuz no se puede acusar a nadie en lo personal y particular, mientras las autoridades correspondientes no concluyan las investigaciones y determinen quién o quiénes son los culpables indirectos o intelectuales de ese crimen, los que están detrás del asesino material que fue capturado por los testigos, en el lugar del hecho, inmediatamente después de que ejecutó el cobarde asesinato.
No ayuda al esclarecimiento del crimen acusar a alguien en particular –entidad o persona– por el asesinato de Carlos Guadamuz, como han hecho algunas personas pertenecientes a los dos partidos políticos principales de Nicaragua, o simpatizantes de ellos.
Sin embargo esto es inevitable, por la trayectoria política del periodista asesinado y por la polarización partidista que sigue habiendo en el país. Por eso, además de condenar el execrable asesinato del periodista Carlos Guadamuz, demandamos a las autoridades que esclarezcan el caso y determinen las responsabilidades criminales, tan pronto como sea posible.