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Angélica Martínez [email protected] ¿Amor prohibido?   Para algunos el amor entre parientes es un imposible, aunque un conocido refrán sugiere lo contrario: “Entre primos y parientes el amor es más ardiente”. Pero en realidad ¿qué tan aceptado es por la sociedad, la Iglesia y hasta por la genética esta afirmación? A continuación te damos las […]

Angélica Martínez [email protected]

¿Amor prohibido?


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Para algunos el amor entre parientes es un imposible, aunque un conocido refrán sugiere lo contrario: “Entre primos y parientes el amor es más ardiente”. Pero en realidad ¿qué tan aceptado es por la sociedad, la Iglesia y hasta por la genética esta afirmación? A continuación te damos las respuestas



Igual que la antigua historia de Romeo y Julieta muchas parejas se encuentran con la dificultad de un amor imposible.

 

Angélica Martínez R.
[email protected]


Toda su niñez la pasaron juntos. Se criaron prácticamente como hermanos, a pesar de ser primos en segundo grado. Adrián* y Karina* tenían cinco años de no verse ni saber nada el uno del otro, desde que él cumplió los 12 años y se fue a vivir con su mamá a Managua.

Ella por su parte se quedó viviendo en Matagalpa hasta terminar la secundaria, pero un día mientras conversaba con unas amigas en alguno de los patios de la UNAN, fue como si escuchara una voz dentro de su cabeza que le decía “aquí estoy”.

Levantó la mirada y ante sus ojos apareció Adrián. Su antiguo compañero de juegos era ahora todo agasajo para la vista. A pesar de que estaba a sólo unos metros de distancia, a ella le parecía tan lejano que no podía moverse.

De pronto, él comenzó a acercarse y al estar frente a frente le dijo: “¡Sabía que eras vos!” Aquel abrazo inicial se prolongó por varios meses. Se hicieron novios a escondidas de la familia. Ellos no iban a entender.

Pero como dice el refrán “entre cielo y tierra no hay nada oculto”. Un día la mamá de Karina fue a visitarla sin avisar y ¡oh sorpresa! los encontró en ropa interior. Aquella tranquila habitación, que minutos antes había sido el nido de amor perfecto, era ahora la mazmorra del diablo.

Su madre les dijo de todo y corrió a Adrián de la vida de su hija. Ella dejó Managua y los estudios. En el fondo sabían que su amor no podía ser. Ambas familias nunca más se volvieron a hablar.

A cualquiera le pasa

Para Alexander*, de 17 años y estudiante de la UCA, la historia no llegó a consumarse. A él le gustaba una prima hermana, pero una serie de restricciones morales, que comienzan en la religión y terminan en la ciencia, le advirtieron que era mejor prestar oídos sordos al llamado del amor.

“Realmente creo que no estábamos enamorados o no llegamos a enamorarnos del todo. Sí había química. Cuando nos encontrábamos no podíamos dejar de estarnos tocando. No piense mal, quiero decir que siempre andábamos de manos agarradas y eso, nada más”, cuenta.

En cambio, Heinz*, de 18 años y estudiante del IES, los malos pensamientos con su prima no se materializaron a causa de las advertencias de la familia. “Nos echaron de ver inmediatamente que nos gustábamos. Todo el tiempo salíamos, nos llamábamos por teléfono o hacíamos las tareas. Pero nos decían a cada rato que eso era pecado, así que les hicimos caso y nos dejamos de ver”.

¿Cuáles son los riesgos?

Para conocer los riesgos que acarrea la unión entre primos, hablamos con el doctor en genética Gerardo Cruz, docente de la UNAN-Managua. Según él, lo primero que hay que tener en cuenta es el grado de parentesco. Si somos hijos del mismo padre y madre mis hermanos y yo tenemos el 50 por ciento de herencia genética de cada uno.

Mis primos también poseen el mismo porcentaje de la herencia de sus padres, pero sólo el 25 por ciento de su información genética es igual a la mía. A medida que nos vamos alejando generacionalmente, nuestros genes se alejan proporcionalmente también.

“El riesgo de que los hijos de ese matrimonio entre primos presenten alguna malformación (no siempre es de tipo genético también existe una alteración en los cromosomas) congénita es mayor, pero no significa necesariamente que nazcan así. Sólo si los genes que heredaron los padres son dominantes es que se manifiesta esa malformación”, dijo el especialista.

Un mal acomodo del producto puede ocasionar que el niño nazca con alguna malformación y no tiene que ver con los genes. Las enfermedades de tipo hereditario sí tienen mayores posibilidades de expresarse, pero si no se expresa en esa generación lo puede hacer en la siguiente.

La única forma de saber si un matrimonio, parientes o no, va a tener dificultades para engendrar hijos sanos es mediante un examen. “No sólo los primos se tienen que hacer ese examen, cualquier matrimonio responsable debe hacerlo”, indicó.

Cruz también explicó que si el RH de uno es negativo y el del otro es positivo se presenta en el feto la “heritolatosis fetal”. Éste es un problema que se presenta en el niño al momento de nacer, hay una reacción de choque en el niño al momento de nacer y si no se atiende rápido muere en cuestión de minutos.

* Los nombres de las personas fueron cambiados para proteger su identidad.

¿Qué dice la iglesia?

Según la Enciclopedia Católica la VIII sesión celebrada por el prelado en tiempos del sumo pontífice Pío IV, el 11 de noviembre de 1563, se decía en el Canon (regla) III sobre el sacramento del matrimonio que:

“Si alguno dijere, que sólo aquellos grados de consanguinidad y afinidad que se expresan en el Levítico, pueden impedir el contraer Matrimonio, y dirimir el contraído; y que no puede la Iglesia dispensar en algunos de aquéllos, o establecer que otros muchos impidan y diriman, será excomulgado”.

Esto quería decir que cualquier pariente, no importaba su grado de consanguinidad, estaba impedido de casarse con otro igual, exceptuando sólo los que la Iglesia permitiera, como en el caso de nobles que se casan para perpetuar el linaje.

Pero en el “Decreto de reforma sobre el matrimonio”, en el capítulo IV se especifica que sólo queda restringido el matrimonio hasta el segundo grado de afinidad. En el capítulo V, la Iglesia dice que el castigo por desobedecer es la excomunión. (Fuente: Enciclopedia Católica)

Sin embargo, la Iglesia moderna establece una “dispensa”. Según el Obispo Auxiliar de Managua, Jorge Solórzano, “cuando se presentan estos casos les solicitamos a las parejas que presenten un examen de consanguinidad, para saber si no van a tener problemas los hijos que van a tener. En caso de que el examen salga negativo ante esa posibilidad el Obispo, no el sacerdote, les da la dispensa para poder casarse”, aclaró Solórzano.

El mito: hijos con Síndrome de Down

Una de las razones por las que la sociedad ve con malos ojos a dos primos que contraen nupcias es que de su unión van a resultar niños con Síndrome de Down. Pero la ciencia tiene otras explicaciones.

El Síndrome de Down es un problema cromosómico que se produce por dos motivos: una es por “trisomía verdadera” (aumento en el número de cromosomas de dos a tres en el par 21) y la otra por “trasmutación robertsiana”. Ésta se da cuando cromosomas que no son pareja se pasan una parte de sí al otro que tienen al lado, se intercambian una parte igual.

No existe ninguna estadística que diga en qué casos va a nacer un niño con este síndrome. Ése es un problema de división celular, cuando se están formando los gametos en el vientre. Pero se puede saber mediante un examen si el óvulo y el esperma son sanos.

“Una mujer nace con todos los óvulos que va a producir en su vida. Un hombre, en cambio, produce un número infinito de espermatozoides. Esto significa que en ella sí se puede hacer un análisis previo, para saber si su descendencia va a tener problemas. Pero en el hombre hay que hacerlo cada vez que se planifique tener hijos”, finalizó el doctor Gerardo Cruz.