Samuel Salomón Mendoza Suárez
En los países desarrollados a las personas que trabajan en el sector privado o público les pagan por pensar, pero en Nicaragua a quienes comienzan a hacer uso de su raciocinio los despiden o les hacen la vida imposible.
¿Hasta cuándo cambiaremos esa visión tan corta y poco profesional? Los empleados en una institución deben ser aprovechados al máximo su capacidad intelectual o física. Cuando empleados de las instituciones públicas o privadas se cohíben en hacer uso de su libertad de expresión consignada en la Constitución de la República, demuestran que los antecede el miedo, y esto los conduce al fracaso que es la incapacidad de alcanzar los objetivos que se han propuesto. Muchos quisiéramos algún día ver una nación próspera donde cada ciudadano diga lo que siente, sin temor a que lo desplacen en su puesto de trabajo en el sector público o privado. Me gustó mucho el comentario efectuado en la revista Magazine de la segunda quincena de abril, en la que un señor colombiano se refiere a la realidad del ser humano comparándola con langostas dentro de un balde. Estoy seguro que tiene cierta similitud con lo que vivimos en Nicaragua.
Municipalista