Pedro Rafael Gutiérrez Doña
En días pasados fui en compañía de mi familia a conocer el hotel Barceló Montelimar. Ingresamos al hotel y el recepcionista nos advirtió, según le comentamos, que para poder tomar unos refrescos gaseosos y algún sandwich, necesitábamos un distintivo. Luego nos dijo que el distintivo consistía en que por cada niño debíamos pagar 30 dólares y que por cada adulto 40 dólares, para un total de ¡ciento cuarenta dólares!
Mi reacción fue de asombro, al convertir inmediatamente los dólares a córdobas, dando un total de 2,205 córdobas.
Me dijo luego el empleado, que eso nos daba derecho a cenar, a lo cual le respondí que no era necesario; primero porque no íbamos a cenar, y segundo, porque me parecía demasiado dinero para lo que pensábamos consumir, negándose entonces a dejarnos entrar. Pedí hablar con el gerente de recepción para pagar únicamente lo que íbamos a consumir, y éste nos respondió de forma negativa.
Este tipo de situaciones, lejos de incentivar al turismo nacional lo que hace es crear apatía por estas cadenas hoteleras, ya que lo único que les interesa es el pago de su cuota, olvidándose que por el mismo monto en otro país cualquiera, incluye un día de hospedaje, todo incluido para dos adultos y dos menores de 10 años gratis, incluye piscina, servicio de spa, snorkel, kayak y una envidiable cocina internacional.