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Un TLC desde Centroamérica hacia el Sur

Roberto Morales* Roman, Times, serif»>Opinión económica Un TLC desde Centroamérica hacia el Sur Roberto Morales* Recientemente se hizo oficial la propuesta de Brasil a los países del istmo centroamericano de unirse al Mercado Común del Sur, (Mercosur) mediante un Tratado de Libre Comercio, con el fin de proteger “intereses comunes”, otorgándose extraoficialmente un plazo perentorio […]

Roberto Morales*

Roman, Times, serif»>Opinión económica

Un TLC desde Centroamérica hacia el Sur


Roberto Morales*




Recientemente se hizo oficial la propuesta de Brasil a los países del istmo centroamericano de unirse al Mercado Común del Sur, (Mercosur) mediante un Tratado de Libre Comercio, con el fin de proteger “intereses comunes”, otorgándose extraoficialmente un plazo perentorio aproximado de un año para el inicio de las negociaciones, creándose el mayor reto comercial en la historia del continente americano.

El canciller carioca, Celso Amorim, realizó este planteamiento a sus homólogos de Centroamérica y República Dominicana que, a mi modesto modo de entender, esta invitación, muy acertada y significativa, representa un nuevo reto no solamente para poder extender o ampliar el mercado centroamericano, sino también poder fortalecerlo y hacer extensivos estos acuerdos comerciales, y de cualquier otra índole, con Europa o los países asiáticos.

El Mercosur integrado por Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, sus Estados asociados Bolivia, Chile y Perú, se ha constituido en el bloque comercial más grande de América Latina, el que atraviesa su máximo esplendor, en un momento de gloria para la integración subregional sureña. Este acuerdo facilita el comercio intrarregional con la clara visión de competir y ser más competitivos en un mercado subregional, sin interferencias, con reglas claras y definidas, en igualdad de condiciones, sin ningún tipo de restricciones; a pesar del reciente impase entre Uruguay y Perú.

Esta invitación cobrará más fuerza en julio del presente año, fecha en que Brasil asumirá la presidencia de este grupo, dándose todas las condiciones políticas para empezar con esta empresa que podría permitir la integración del istmo centroamericano con los pueblos hermanos del Sur, mediante la firma de un Tratado de Libre Comercio para materializar la creación de una vasta zona libre de aranceles.

Las negociaciones entre ambos bloques perfectamente se pueden producir de la misma manera en que se produjo y basó la negociación del Mercosur y la CAN, al amparo del principio de asimetría, única forma en que se podría negociar un TLC entre el istmo centroamericano y el bloque regional del Sur, una negociación manejable que permita a los países menos desarrollados asumir obligaciones compatibles a sus intereses comerciales y políticos, en base a sus propios niveles de desarrollo industrial con tiempos de desgravación sumamente flexibles y el reconocimiento de sensibilidades que permita a los centroamericanos adaptarnos o acomodarnos a las necesidades y requerimientos de los nuevos mercados y sus productos.

Es oficial que la intención de unir estos bloques es netamente comercial, con el objetivo de establecer mejores parámetros y estrategias conjuntas negociadoras con miras al ALCA, la Unión Europea y hasta Japón. No busca, bajo ningún punto de vista, oponerse al Área de Libre Comercio de las Américas, el mismo que no podrá iniciarse, como debe ser, en enero de 2005.

Una futura negociación entre los dos bloques no tiene porqué ser interpretada de manera negativa, o desvirtuarse por no ser considerada de prioridad por la escasa visión de los gobiernos del istmo, en virtud que Centroamérica necesita elevar los niveles de exportación, mejorar y ampliar la oferta exportable, en nuevos mercados, al amparo del acuerdo Can-Mercosur que integró a 350 millones de personas que producen un billón de dólares al año en bienes y servicios.

La unión del Centro y el Sur de América se presenta como opción y única alternativa de hacer surgir nuevas industrias que promuevan el empleo, el consumo interno, promover las exportaciones, logrando inclusive surgir áreas o sectores débiles o vulnerables de nuestras economías convirtiéndolos en productivos.

Esta unión ofrece mayor libertad al comercio intracontinental, más opciones de consumo tiendes a reducir la pobreza, inclusive. Si bien es cierto que, bajo el libre comercio, la demanda de productos de algunas empresas desaparecería, por no ser competitivas, la demanda de otros productos se incrementa. En ese sentido, cuando las autoridades intervienen deliberadamente pueden lograr que los consumidores opten por nuevas alternativas importadas, más baratas, promoviendo la inversión, nuevas fuentes de empleo, entre otros beneficios.

Centroamérica debe tomar alternativas más viables, menos complejas y más flexibles bajo el actual proceso de integración en el Continente, el que ofrece nuevas oportunidades tendientes a lograr un mayor desarrollo entre los pueblos, en todos sus sentidos.

La voluntad política de las Estados debe tomarse en una sola vía y con sendas paralelas, dando respuesta inmediata a los temas comerciales dentro del proceso de integración, acorde a las nuevas realidades y necesidades de otros mercados emergentes, permitiendo perfeccionar el mejor intercambio de ideas, recursos y posibilidades que permitan alcanzar el desarrollo, porque sin unificación no podremos salir adelante, sin esa integración que permita alcanzar un desarrollo económico y social, entre otros.

Finalmente, la negociación promovida recientemente en el Cafta no tiene ni puede ser similar porque el acuerdo del Mercosur tiene abismales diferencias con el acuerdo firmado entre Estados Unidos, México y Canadá (Nafta).

Esta oportunidad es propicia y muy significativa para que los países miembros de ambos bloques suscriban un acuerdo de intención, un acuerdo estratégico con miras a establecer un programa que defina los parámetros o el marco de la futura integración del Centro y el Sur de nuestra América.

* El autor es jurista en derecho internacional

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