La permacultura y las matemáticas de la alimentación

Alejandro Vogel* Roman, Times, serif»> La permacultura y las matemáticas de la alimentación Alejandro Vogel* El problema mundial de la agricultura y cómo ésta se conecta con la alimentación es alarmante. Producimos los alimentos, los distribuimos y los vendemos al detalle en la forma menos autosostenible que pueda ocurrir. Por si fuera poco, estamos ya […]

Alejandro Vogel*

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La permacultura y las matemáticas de la alimentación


Alejandro Vogel*




El problema mundial de la agricultura y cómo ésta se conecta con la alimentación es alarmante. Producimos los alimentos, los distribuimos y los vendemos al detalle en la forma menos autosostenible que pueda ocurrir. Por si fuera poco, estamos ya manipulándolos genéticamente con resultados mucho más devastadores para nuestro medio ambiente y las poblaciones más vulnerables, como es el sector más pobre de Nicaragua.

La posición de la permacultura, modelo desarrollado en 1978 por Bill Mollison, científico australiano, se encuentra diametralmente opuesta a este modelo. Sueña con volver a las bases de los sistemas naturales y lo que los hace funcionar. Tan alienados nos encontramos de los sistemas naturales que muchos sin duda nos ridiculizarán o recurrirán a la negación al ser presentados con tan radical alternativa. La permacultura es un enfoque a la vida sostenible que poco a poco se está imponiendo alrededor del mundo, desde Zimbabwe, Rusia y Nepal hasta California, y si Dios lo permite, pronto a Nicaragua.

Existe hoy en día un convencimiento generalizado de que estamos llegando a los límites físicos de nuestro planeta. No podemos continuar contaminando el ambiente al ritmo que lo hemos venido haciendo, ni saciar nuestro siempre creciente apetito por la energía y los materiales. Estamos tan acostumbrados a los recursos no renovables, principalmente al petróleo, que nos las hemos ingeniado para desarrollar formas de producir alimentos que consumen diez calorías de energía en el proceso de su producción y proporcionan solamente una caloría para quienes lo consumen.

Cambiar a métodos orgánicos de producción de alimentos puede reducir esta necesidad tan importante de energía, ya que tanto los fertilizantes e insecticidas químicos consumen altas cantidades de energía en su fabricación. Sin embargo, la agricultura orgánica convencional sigue dependiendo de la maquinaria e infraestructura de transporte que poner un plato de comida en nuestras mesas consume siempre más energía de la que nos proporciona.

La permacultura intenta imitar a los ecosistemas, que no son otra cosa que comunidades de animales, plantas y seres humanos. Esto no tiene nada de nuevo ya que existe en la naturaleza, pero lo que hace diferente a la permacultura es el diseño deliberado de sistemas que contengan especies con el mayor número de conexiones útiles entre ellas, y sobre todo que sean comestibles.

Existen esfuerzos importantes por parte de fundaciones ecologistas de establecer comunidades con base en la permacultura en países como Brasil, Perú, Australia, Reino Unido, y Costa Rica por mencionar algunos. En Nicaragua se encuentra la fundación PAS, que de forma heroica está apelando a los sectores de gobierno, organismos multilaterales, iglesias y empresas privadas para proponer la instalación de comunidades autosostenibles que de una vez por todas acaben con el problema del hambre en nuestro país. No basta con financiar los mismos modelos fracasados de agricultura. Hay que cambiar de modelo.

* El autor es consultor y catedrático