Juana Martínez*
Roman, Times, serif»>
La salud de nuestra juventud
Juana Martínez*
El mejoramiento de las condiciones de salud contribuye a la reducción de la pobreza y al desarrollo del capital humano sustentable. Por ende, su acceso y calidad son un factor fundamental y necesario para asegurar las buenas condiciones físicas y mentales de todo ser humano.
El esfuerzo emprendido por el Gobierno de la República a través del Plan Nacional de Desarrollo y las metas priorizadas del milenio referidas al sector Salud en Nicaragua —que consisten principalmente en reducir la mortalidad infantil y de niños menores de cinco años, mejorar la salud de la mujer al reducir la mortalidad materna y combatir el VIH-Sida, malarias y otras enfermedades—, han abierto la oportunidad de definir estrategias y líneas de acción para el avance de la población y la juventud en el ámbito de la salud y la inserción del sistema de seguridad social, con el fin de avanzar hacia una visión de la problemática sanitaria mas allá del enfoque médico y epidemiológico tradicional, contando así con los elementos necesarios para el diseño de intervenciones costo-efectivas que permitan enfrentar los problemas de la iniquidad en salud.
Haciendo referencia a estas dos últimas metas en el sector Salud, es de suponer que la edad más sana debería de ser en la etapa de la juventud. Sin embargo si echamos un vistazo a algunas estadísticas, observamos que el 53 por ciento de las muertes obstétricas directas ocurrieron en jóvenes de 18 a 30 años, siendo el grupo más afectado el de 18 a 24 años; la mayor parte de muertes maternas ocurren en mujeres jóvenes de las áreas rurales (68 por ciento) y solamente el 10.41 por ciento de los jóvenes ocupados tienen seguridad social.
Mas aún, en el año 2001, del total de Infecciones de Transmisión Sexual (ITS) registrado por el Minsa, un 61.7 por ciento se dio en jóvenes, afectando más a los varones entre los grupos de edades de 18 a 24 años, así como los seropositivos reportados eran jóvenes, 54 casos (33 por ciento) corresponde al grupo etéreo de 15 a 29 años, siendo los más afectados los de 20 a 24 años. Esto se debe de alguna manera a la falta de oportunidades para la juventud y el modelo de masculinidad dominante, lo que favorecen el aumento de esta conducta de riesgos en los jóvenes, especialmente en los grupos vulnerables.
Es de reconocer, entonces, que la juventud requiera una atención integral y diferenciada relacionada principalmente a la atención de estos problemas. Asimismo, algo muy importante es el acceso a la información objetiva clara y confiable en lo concerniente a la salud sexual y reproductiva y las conductas de riesgos que propicia una cultura preventiva y de promoción de salud, al ejercicio responsable de la sexualidad y la promoción de estilos de vida saludables.
Por lo consecuente, hay que destacar la relación existente entre educación y salud, ya que a mayor educación e información en la juventud en particular, mayor será la posibilidad de que asuman estilos de vida saludable, se practique el autocuidado, se demanden servicios básicos y diferenciados y se autocuiden y promueva un entorno comunitario saludable.
La Política Nacional de Desarrollo Integral de la Juventud, y su Plan de Acción, asumen en el componente de salud la importancia de crear un abordaje integral y equitativo, que incluya el desarrollo de programas de acceso a servicios especializados de salud, de atención adecuada a la salud sexual y reproductiva y de programas de prevención y atención de las conductas de riesgos. Todo ello orientado a crear entornos que generen en la juventud confianza, posibilidades de hábitos de consumos responsables, autocuidado y estilos de vida saludables que tengan como resultado, el bienestar de la juventud.
Por tanto, estos anhelos se podrán concretar con un enfoque consciente, participativo y responsable de los padres de familia, maestros, profesionales de la Salud, los mismos jóvenes y las diferentes instituciones gubernamentales y no gubernamentales como: MECD, Mifamilia, Inim e INSS, entre otros, y por supuesto el Minsa como rector del Estado y del sector que coordina, organiza, supervisa, ejecuta, controla, regula y evalúa los planes y acciones de salud. No podemos omitir que si hoy tenemos una juventud informada y atendida con calidad y calidez en salud, el día de mañana se contará con adultos responsables transmitiendo estos valores a las generaciones futuras.
* La autora es coordinadora del componente Fortalecimiento institucional de políticas públicas, Secretaría de la Juventud