Pedro Joaquín Solís
LA PRENSA conoce perfectamente el inestimable valor de la libertad de expresión y lo que cuesta conquistarla y preservarla. Nadie les puede dar lecciones sobre eso. Manuel Guillén es un excelente caricaturista, sucesor de AMO, Róger y otros caricaturistas punzantes fallecidos de muerte natural, pero nunca por ostracismo o muerte cívica.
LA PRENSA debe honrar su carácter de “República de papel” y continuar publicando sus caricaturas. Si le recetan a Guillén vacaciones per scula seculorum, ¿quién es el próximo? Guillén dispara —tal vez excesivamente— contra los malos funcionarios públicos y otras personalidades que incursionan más de la cuenta en la mala política que se practica en Nicaragua.
Quizás lo quisiéramos al estilo de Quino con su Mafalda, Rius con sus Agachados, Schultz con su Carlitos y Snoopy etc., criticando otros aspectos de la sociedad. Pero mientras llega esa conversión, que no se le decapite innecesariamente. La sátira popular es como una hidra de mil cabezas.