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El Plan Nacional de Salud
Pudiera parecer raro o muy difícil de lograr que en un país como Nicaragua, donde la salud ocupa un lugar muy bajo en las prioridades personales, se proponga un Plan Nacional de Salud. Sin embargo, por extraño que parezca, preservarnos de enfermedades es una necesidad insoslayable porque la buena salud es la base del bienestar y de la capacidad de producir.
Lo que pasa es que la mayor parte de la población cree, erróneamente, que hay otros factores más importantes que la salud para sentirse seguros. Por ejemplo, la mortalidad infantil y la materna son tan frecuentes que se les supone inevitables. Lo mismo se cree equivocadamente que la tercera edad está irremisiblemente condenada a la minusvalía. De manera que se considera que no vale la pena preocuparse por la salud y que hay otros temas más importantes, como poseer dinero de cualquier manera o tener amigos influyentes, para sobrevivir. O, lo que es más dañino, se cree que velar por la salud es una obligación exclusiva de las agencias gubernamentales.
Ese enfoque de la vida es equivocado, pues la conservación de la salud es la piedra angular de todo el equilibrio corporal y mental que se necesitan para mantener el “goce de vivir”. Por ello nos parece oportuno el Plan Nacional de Salud que está impulsando el Minsa, en el entendido de que todos debemos apoyarlo participando de alguna manera en su aplicación, que dicho sea de paso no puede ser de corto plazo sino que es un compromiso que se extiende por muchos años. Así lo demuestra el análisis de la situación del sector salud en Nicaragua, que revela que la atención de los problemas sanitarios son de una gran variedad y extensión, y además están ahí desde hace largo tiempo.
Dentro de ese enfoque es esencial determinar el perfil de la salud de los nicaragüenses, y de ciertos sectores en particular, para ir a sus causas, pues éste es el principio de la medicina preventiva. Como se dice, es más provechoso colocar una baranda al borde del precipicio que construir un hospital en el fondo. Decimos esto en alusión a factores como las aguas estancadas productoras de mosquitos, la falta de tratamiento de las aguas negras, las campañas de vacunación, los malos hábitos higiénicos, etc., que al no atacarse se convierten en un “tonel de las Danaides” en el que todo esfuerzo por llenarlo se desperdicia.
Con esta manera de ver el paisaje sanitario identificamos las condiciones de vida de la población y cómo inciden en su rendimiento laboral y en los niveles de pobreza, más acentuados en las zonas rurales y en la marginación urbana, donde las dificultades de acceso a los bienes de consumo fundamentales, son alarmantes. En este sentido, la asignación del Estado y los particulares a la salud no es un gasto cualquiera, sino una inversión fundamental para salir del subdesarrollo. Al respecto una limitante fundamental es la excesiva dinámica demográfica. Es muy difícil que un país que crece anualmente con una tasa neta de aproximadamente el tres por ciento, pueda hacer frente a la demanda creciente en educación, salud, vivienda, instrucción, alimentos, transporte y empleo. Falta forjar una vinculación más estrecha entre ciudadanía y gestión gubernamental en el campo de la salud. A ese respecto los centros de asistencia médica que auspician los Silais deberían contar cada uno con un comité de vecinos del lugar que se encargue de proporcionar servicios voluntarios: mantener limpio el local, darle información a quienes acuden a las consultas, asistir a las personas de tercera edad, dar charlas relacionadas con principios de higiene personal, etc. También podrían encargarse de organizar eventos sociales para recaudar fondos y proveer de mejor mobiliario, equipos de diagnóstico desgastados, servir café, bebidas gaseosas y agua, etc. La idea es que no se tomen los esfuerzos del Minsa como una tarea de responsabilidad exclusiva del Gobierno, sino como algo que atañe a todos mantenerla.
En resumen, el cuido de la salud nos concierne a todos sin distingos de partidos, clase social u ocupación. Sólo con esta perspectiva de compartir en vez de ser meros espectadores, podría tener éxito el oportuno Plan Nacional de Salud.