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Las bancadas judiciales
Es muy conocido el aforismo de que “los jueces se expresan a través de sus sentencias”; o, dicho en otros términos, que “a los jueces se les conoce y juzga por sus fallos y resoluciones judiciales”. Esto significa que los jueces y magistrados pueden hablar bellezas de ellos mismos y del trabajo que realizan, sin embargo, así como a cualquier persona no se le valora por lo que dice de sí misma, sino por lo que hace, a los funcionarios públicos responsables de impartir justicia se les conoce y juzga únicamente por la buena o mala calidad de sus fallos, por su profesionalismo o parcialidad, por la transparencia o turbiedad de sus actos, por su probidad o por los conflictos de intereses en el desempeño de sus delicadas atribuciones.
Valga la reflexión anterior a propósito de lo dicho por la Presidenta de la Corte Suprema de Justicia (CSJ), doctora Yadira Centeno, en la entrevista que le hizo y publicó LA PRENSA el domingo pasado, acerca de que según ella no es cierto que el máximo tribunal de la República esté dividida en dos bancadas: liberal y sandinista.
“Ese es un mito. Aquí (la Corte) no es la Asamblea Nacional, aquí hay magistrados que tienen un pensamiento liberal y otro conservador, sandinista, eso no se puede negar. Pero como bancada, bancada, eso es falso”, aseguró la magistrada presidenta (LA PRENSA, página 3A, domingo 29 de agosto, 2004).
Pero con ese mismo reconocimiento de que los magistrados son liberales, conservadores y sandinistas, la Presidenta de la Corte Suprema de Justicia admitió tácitamente la parcialidad de dichos funcionarios, pues en ningún campo y mucho menos en la administración de justicia se puede servir a dos señores. Por el contrario, quienes asumen la delicada responsabilidad de dirimir los conflictos entre las personas y entre éstas y el Estado, tienen la obligación moral de renunciar a cualquier ideología partidista para poder desempeñar sus funciones de manera realmente independiente e imparcial, sometidas únicamente a la Constitución y las leyes.
Además, las bancadas liberal y sandinista en la Corte Suprema de Justicia existen no sólo de hecho, sino que fueron establecidas inclusive “de derecho” por los mismos magistrados, mediante Acuerdo No. 72 de la CSJ que fue adoptado el 18 de marzo del año en curso y publicado en el número 9 de Justicia, revista del Poder Judicial, correspondiente al mes de marzo pasado.
En efecto, en la parte A de dicho acuerdo se “establecen” los dos grupos políticos de magistrados: ocho liberales y ocho sandinistas. Precisamente con ese acuerdo de institucionalización de las bancadas fue que los magistrados pusieron fin a la parálisis que durante varios meses afectó a la Corte debido a la pugna por el control político del Poder Judicial. Y de esa manera las dos bancadas se repartieron los cargos judiciales y administrativos, pero también se impuso la hegemonía del grupo sandinista al sumarse a éste, de hecho, uno de los ocho magistrados liberales.
Irónicamente, en la misma revista del Poder Judicial en la que aparece el Acuerdo de institucionalización de las bancadas liberal y sandinista dentro de la Corte Suprema de Justicia, se publica también un artículo sobre las cualidades que deben tener los jueces, en el que se invoca el requisito bíblico de Moisés: “Deben ser varones de virtud, temerosos de Dios, varones de verdad, que aborrezcan la avaricia…”; y se invoca igualmente a Cicerón: “Los magistrados son necesarios; sin su prudencia y su celo no puede existir la sociedad, y en la determinación de sus facultades descansa el organismo de la República”.
Los magistrados de la Corte Suprema de Justicia reclaman —con razón y derecho— que el Poder Ejecutivo y la sociedad deben respetar su investidura, su independencia y sus facultades judiciales. En realidad, la estabilidad institucional de la República descansa en gran medida en la autoridad y el respeto de la justicia. Sin embargo el respeto no le cae del cielo a nadie ni se puede imponer por la fuerza. El respeto se lo deben ganar los magistrados y jueces con sentencias transparentes e imparciales, en las que nadie tenga razones fundadas para dudar de su integridad