Fernando López Gutiérrez*
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La descalificación no es argumento apropiado
Fernando López Gutiérrez*
Con relación al proyecto de revitalización de la calle La Calzada, en Granada han sido publicadas opiniones que descalifican otras opiniones, utilizando los epítetos “disparates y miopía” en lugar de argumentos para aclarar la discusión.
Para comenzar, no existe oposición al proyecto en sí mismo, en la medida que implica una intervención urbana en una arteria principal de la ciudad de Granada que contribuirá a limpiar su imagen, perspectiva y paisaje, despejándola de cables aéreos, postes eléctricos y confiriéndole un uso preferencialmente peatonal, con dotación de mobiliario urbano y un fondo revolvente para la restauración da fachadas. ¡Excelente y bienvenida esa acción!
Sin embargo, hay algunas reflexiones y preguntas que se deben hacer. En principio no fue presentado ni consultado con la ciudadanía. Este proyecto tiene una trascendencia e importancia que nos implica a todos los granadinos, residentes y usuarios debemos tener la oportunidad de aportar criterios para el embellecimiento del centro histórico de Granada, máxime tratándose de un espacio declarado Patrimonio Nacional.
Otro aspecto relevante de la discusión es el asunto de la vialidad, la circulación Norte-Sur no es fluida y tiene en el mercado municipal un “cuello de botella” que debe solucionarse mediante la construcción de puentes que permitan acceder sin dificultades hacia la parte sur de la ciudad. Entonces cabe preguntarse si esta intervención que semi-peatonaliza la calle La Calzada no complicaría aún más esta situación y congestionaría las calles paralelas de El Caimito y La Libertad. Hay que preguntarse qué piensan los residentes de estas vías cuando se les aumenta el flujo de vehículos.
Es imperativo ver esta propuesta a la luz de la experiencia que hay desde casi una década con la transformación de las plazas de los Leones e Independencia y el parque central Colón, donde se intervino aplicando el mismo concepto; existe un sólo nivel de circulación vehicular —restringida— y peatonal, con lo cual se han producido nuevos conflictos: los autos se parquean directamente frente a las viviendas obligando al peatón a caminar sobre el área vehicular o se estacionan metiéndose al parque bajo los árboles donde se supone que deberían disfrutar los visitantes o usuarios. Y el transeúnte tiene que circular atento para no ser atropellado por bicicletas o motos. Hay que preguntarse a quién ha privilegiado esta intervención.
Asunto de opinión es el mantenimiento y reposición del mobiliario urbano, ya que actualmente las luminarias dañadas por vehículos que han entrado a las plazas las han botado y no han sido colocadas nuevamente; los basureros se han oxidado, las bancas están dañadas. Si la ciudadanía no cuida los bienes públicos y las autoridades no las mantienen es posible preguntarse qué imagen tendrán dentro de varios años.
Éstos y otros temas son posibles de poner en agenda para que la ciudadanía defina qué ciudad es la que quiere en el futuro, en una discusión con argumentos sin descalificaciones, porque más miope es quien sin taburete se atrinchera en el pequeño patio de sus afirmaciones que sentadas como verdades axiomáticas no soportan otras opiniones; y no son capaces de ver por encima de sus muros cuando lo que hay en esta polémica es el interés ciudadano por su ciudad.
* El autor es Secretario de la Comisión Ciudadana de Granada