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En los aniversarios del Ejército

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En los aniversarios del Ejército





La celebración del 25 aniversario del Ejército Popular Sandinista (EPS) que es al mismo tiempo el décimo del Ejército de Nicaragua (EN), representa una ocasión propicia para reconocer que las fuerzas armadas —militar y policial— son las únicas instituciones estatales creadas por la revolución sandinista que pudieron sobrevivir al naufragio revolucionario de 1990, y se adaptaron a las nuevas condiciones de la democracia.

Pero también esta celebración militar es oportuna para reconocer el profundo arraigo que tiene el militarismo en la cultura política nicaragüense, ante el cual han fracasado lastimosamente las aspiraciones y todos los esfuerzos de los ciudadanos civilistas que han demandado la abolición del Ejército y, en su defecto, la ampliación y fortalecimiento de la Policía Nacional.

En realidad, el culto a lo militar es universal. En casi todos los países del mundo las fuerzas armadas son como iconos de patriotismo, inclusive en los estados más democráticos donde los ejércitos se encuentran estrictamente subordinados a la autoridad civil. Este fenómeno se explica porque la historia de la humanidad es, de hecho, la historia de la guerra y de los cuerpos militares. Según la investigación de Guillermo Cabanellas, entre el año 1496 antes de Cristo —cuando supuestamente habría ocurrido la primera guerra propiamente dicha de la historia del género humano—, y el 1925 de nuestra era, sólo hubo en la Tierra 268 años de paz. A lo que es necesario agregar que en los siguientes 79 años —es decir, hasta el 2004—, no hubo un sólo año en que no ocurriera por lo menos una guerra internacional o local de mayor o menor importancia.

En lo que se refiere específicamente a Nicaragua, el culto a la violencia política y al militarismo es también de antigua data. En los 183 años de vida independiente en el país han ocurrido unos 80 golpes de Estado, conspiraciones armadas, asesinatos políticos, guerras civiles, conflictos bélicos fronterizos, etc. Durante este período histórico el pueblo de Nicaragua no ha podido vivir veinte años seguidos de tranquilidad política, paz social y estabilidad institucional.

Pero, por la misma razón de que a lo largo de la historia de la humanidad la mayor parte de la gente ha rendido culto a la violencia y el militarismo, también ha habido quienes se preocupen por promover las virtudes cívicas y civilistas entre los ciudadanos. Y de allí que siempre hubiera quienes enarbolaran el principio kantiano (de Inmanuel Kant, el gran filósofo ético alemán cuyo bicentenario se conmemora este año), de que “un país será civilizado sólo cuando no tenga ejército”. Pero sin duda que el ideal de Kant sigue siendo una aspiración muy ética pero igualmente utópica

Ahora bien, si no es posible abolir el Ejército por lo menos hay que luchar por hacer de él una institución amistosa para los ciudadanos y confiable para la democracia. Al respecto en Nicaragua hay ahora un Ejército que no obstante haber sido creado como brazo militar de un partido político totalitario, las circunstancias históricas lo han obligado a romper la subordinación partidista, a independizarse y profesionalizarse.

En estas condiciones, la lucha civilista tiene que ser por el desarrollo de una relación apropiada del Ejército con los ciudadanos, de acuerdo con el principio democrático de la preeminencia de la autoridad civil sobre el poder militar.

De manera que la celebración del 25 aniversario del EPS y décimo del Ejército de Nicaragua, es oportuna para señalar que ya es tiempo de reformar democráticamente el Código Militar que está en vigencia desde 1994, a fin de hacer real la facultad del Presidente de la República de designar al Comandante en Jefe del Ejército; para que la Fuerza Armada de la República se someta de verdad al Ministerio -civil- de Defensa; para que la nómina militar sea pagada de manera individual y transparente por el Ministerio de Hacienda, etc.

El desarrollo del proceso democrático de Nicaragua, que sigue adelante a pesar de los obstáculos y desviaciones impuestos por el caudillismo autoritario, presupone la transformación de la cultura política de la sociedad, erradicar el militarismo y cultivar el civilismo. Y en este proceso, como lo indicara Pablo Antonio Cuadra (PAC) en su conocida obra Otro rapto de Europa (Zalamea): “La espada puede ser necesaria, pero sin hacer peso en la sensible balanza de la Justicia”.

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