Rafael Aguirre Sacasa
Ayer 2 de septiembre el Ejército de Nicaragua celebró el 25 aniversario de su fundación. El pueblo nicaragüense debe sentirse orgulloso de su Ejército y aprovechar esta ocasión para felicitar y darle gracias a sus miembros, hombres y mujeres, por su dedicación y sacrificio continuo para cumplir con sus misiones. El pueblo nicaragüense debe recordar los esfuerzos y los peligros que corren los miembros del Ejército, ya sea cumpliendo misiones de desminado, participando en labores de rescate durante desastres naturales como el huracán Mitch, cuando con alto grado de peligro lograron rescatar a más de 30 mil ciudadanos, o participando en la ejecución del plan permanente de seguridad en el país.
Los logros del Ejército en estos 25 años han sido muchos, pero a mi modo de ver el más importante ha sido su transformación de un Ejército cuya primer lealtad era a un partido político (Ejército Popular Sandinista) a un Ejército nacional, altamente profesional y, muy importante, un Ejército despolitizado al servicio de todos los nicaragüenses. Por primera vez en la historia moderna de Nicaragua las fuerzas militares no pueden ser acusadas de ser guardianes de algo más que la seguridad nacional y la integridad territorial, misiones establecidas dentro del marco constitucional. Uno de muchos ejemplos de esta transformación a una institución altamente profesional y despolitizada es el vínculo estrecho que se han ido desarrollando con las FFAA. de países como Francia, España, Chile, República de China Taiwan, y EE.UU. Inclusive, la visita oficial del general Javier Carrión, invitado del general Richard Myers, Jefe de Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas (FF.AA.) de EE.UU., marca el cierre de un capítulo triste en las relaciones militares de los dos países y el inicio de uno nuevo de cooperación ante las nuevas amenazas transnacionales como el terrorismo, el narcotráfico y el crimen organizado.
Toda transformación institucional es difícil aun cuando ocurre en un ambiente altamente estructurado y dentro de un marco de gran estabilidad institucional. Un buen ejemplo es el caso de las FF.AA. de EE.UU., que, después de 15 años de haber caído el Muro de Berlín, siguen luchando con el proceso de su transformación para hacerle frente al mundo postguerra fría. Ésto, a pesar de que cuenta con el apoyo de los poderes Ejecutivo y Legislativo, con todo lo que eso representa, incluyendo partidas presupuestarias robustas y respaldo popular. El caso de la transformación del Ejército nicaragüense es aún más notable porque se ha realizado dentro de un marco mucho menos favorable y con menos puntos de apoyo. Esto es resultado de hechos históricos, relaciones cívico-militares débiles, y sobre todo falta de comprensión verdadera dentro de grandes sectores de la sociedad, especialmente dentro de los políticos, de cuál es el rol de las FF.AA. en un sistema democrático.
El Ejército nicaragüense tiene muchos retos por delante si va a seguir en el camino de la modernización y profesionalización. No lo puede lograr en un vacío; necesita contar con el apoyo del Gobierno y de la ciudadanía. Si es verdad que las instituciones armadas en la región latinoamericana han sido demasiado politizadas, es en gran parte culpa no sólo de las FF.AA. sino también de la sociedad civil, que los mantiene alejados como si no formaran parte de la sociedad. Por lo pronto, algo sí está muy claro: si Nicaragua pretende hacerle frente a las amenazas y retos del siglo XXI, tendrá que invertir en su Ejército, apoyar a sus miembros y estar siempre alertas y conscientes de que la Fuerza Armada cumple misiones vitales para el bienestar de la Nación. El Ejército ha demostrado que es capaz de transformarse. Ojalá que los gobiernos sepan preservar ese logro y que no intenten utilizar el ejército nuevamente en juegos políticos, y que más bien sean capaces de respaldarlo en su programa de modernización y continuación de su desarrollo profesional.
El autor es oficial retirado de la Fuerza Aérea de EE.UU. Graduado de la Escuela de Foreign Service de Georgetown University y del Curso de Estado Mayor de la Fuerza Aérea de EE.UU. Fue oficial de Operaciones Especiales e Inteligencia. Actualmente es consultor y profesor invitado del Centro de Estudios Hemisféricos de la Universidad de Defensa de EE.UU.