Edgard Rodríguez C.
Una de las principales virtudes de Kendry Morales es que siempre proyecta calma a su alrededor. Crece a través de la presión que ahoga a los demás.
Cuando debutó en la pelota cubana, el 6 de enero del 2002, se pensó que el estadio lleno de exigentes fanáticos y el uniforme azul de los Industriales iba a agobiarlo.
En lugar de eso, el explosivo chavalo de 19 años conectó un cañonazo en cuatro turnos ante Norge Luis Vera y dos semanas después era el cuarto bate de su equipo.
Y al final de la temporada, su nombre era historia.
Morales de 6.1 pies y 220 libras, impuso cinco récords para un novato: 21 jonrones, 116 hits, 82 remolques, 60 anotadas y 571 de sluggins, con promedio de .324, para un inicio más explosivo que el de Omar Linares incluso.
Y muy pronto, Morales estaba en el centro del ataque de la Selección cubana. Para la campaña del 2003 se elevó a .391 y resultó decisivo en la coronación de Cuba en el Mundial de La Habana.
Después de descubrirse que quería desertar durante el Preolímpico de Panamá fue devuelto a la isla, desde donde efectivamente se fue en enero y ahora ha adquirido residencia en Dominicana.
Anaheim lo ha firmado por seis años y una cifra aún no revelada, pero se supone que es una cantidad gruesa. Pero más que eso, lo esencial será ver qué tipo de nivel alcanza en las Ligas Mayores.
Kendry es, indiscutiblemente, la mayor genialidad aparecida en Cuba en los últimos 20 años. Se trata de un bateador ambidextro, con buena habilidad defensiva y poder, como para desempeñarse en una posición de esquina.
Tiene excelentes antecedentes y la noche del miércoles probó en la Liga Dominicana que su bate es caliente en cualquier nivel. Ahora faltará verlo en las Mayores, donde hasta ahora ningún cañonero desertor de la isla ha sido exitoso.
