- Diamantes en bruto se han perdido en el camino, mientras otros crecen
Tyrone DotelTomado del Listín Diario
Es un mundo tentador. Un universo en el cual el lujo y el boato son la norma. Sus protagonistas disfrutan la dicha de ser generosamente pagados por una actividad que les apasiona, también visten ropas de marca, cuentan con carros de última y sus figuras aparecen con tanta frecuencia en los más medias, que ya poseen el mismo status de las superestrellas del espectáculo.
Encima de ello, algunos son tan famosos que sólo basta llamarlos por su primer nombre, y sus logros han sido tan apoteósicos que tienen reservado un lugar en la historia deportiva; actuación que en sus respectivos países los ha convertido en héroes nacionales, capaces de producir un toque de queda los días que les toca acción.
Son los peloteros de las Grandes Ligas. Atletas que pertenecen a una estirpe privilegiada y que es envidiada por los demás mortales. Esa es la razón por la cual tienen tras de sí una gran legión de admiradores, muchachos imberbes que anhelan ocupar sus puestos.
Lograr que los firmen para, en la mayoría de los casos, salir de una extrema pobreza es el motor que les impulsa. Por tal razón es que invierten todas sus energías en dicho sueño y las demás opciones que puede ofrecerles la vida, palidecen ante la posibilidad de codearse con Pedro Martínez, Sammy Sosa o Derek Jeter.
Sin embargo, la cruda realidad es que muy pocos de ellos logran llegar a la meta. La cantidad de aspirantes que logran establecerse en esa especie de Olimpo es ínfima y año tras año, una apreciable cantidad de “rechazados” pasan a formar parte de una triste comunidad que con tal de llegar, procuró dejar la piel en el terreno.
No existen estadísticas específicas de la cantidad de dominicanos que se quedan en el camino cada año, pero el día a día de Freddy Jana, presidente de la Liga de Verano y representante en el país de la National Association of Baseball From United States, le ha hecho ver que ‘”esto no sólo se manifiesta en Dominicana, sino que es a nivel general. De cada 100 jugadores firmados sólo 2 ó 3 llegan a las Grandes Ligas”.
LAS RAZONES
Las razones por las cuales son tan pocos los aspirantes que suelen llegar a la cima son variadas. Para Pablo Peguero, reconocido escucha de la organización de los Gigantes de San Francisco, el no cumplir con las expectativas creadas es una de las principales. “Cuando uno firma un muchacho lo hace proyectándolo en el futuro. La idea es que dentro de 4 ó 5 años esas cualidades que presenta: el físico, la ofensiva y defensiva en el juego van a ser potenciadas, sin embargo, muchos no logran desarrollarlas y se quedan en el camino”, explica el experto.
Otro factor muy importante es el origen de éstos. En su inmensa mayoría suelen provenir de estratos sociales bajos y por ello no han tenido oportunidad de desarrollar ciertas características que son vitales para permanecer en las distintas organizaciones beisbolísticas.
“Un gran porcentaje de estos muchachos viene de hogares muy pobres, tienen poco roce social y adolecen de falta de disciplina”, entiende Víctor Mata, scout de los Yankees de New York.
Además de lo antes mencionado, el choque cultural es otro handicap con el que deben lidiar. Junior Noboa, director de Operaciones para América Latina de los Diamondbacks opina que “la mayor parte de ellos son dados de baja por problemas para adaptarse a la cultura estadounidense. Además, el problema de la comunicación en el idioma inglés y las lesiones también influyen”, finaliza.
ALGUIEN QUE NO “CUAJÓ”
Tiene 6’2 y una constitución atlética envidiable. Brazos fuertes y definidos, poderosas piernas y un tórax sin desperdicios. Encima de ello, la manera como se desplaza entre las cajas del muelle habla de un portento que se sentiría en sus aguas en el terreno deportivo: corriendo, saltando y haciendo galas de sus habilidades… Sin embargo, este coloso no es atleta, su trabajo es de estibador.
Pero el mundo del beisbol no le es ajeno en absoluto. Hace unos años estuvo firmado por una organización.
“Lo que pasó fue que yo no estoy acostumbrado a que me manden mucho. Me pedían unos horarios muy ‘uros, además, no podía salir a divertirme cuando y me sentía como preso”, relata.
2ó3jugadores de cada 100 que firman para el profesionalismo llegan a las Grandes Ligas, lo que demuestra lo difícil que es alcanzar el éxito en el beisbol.
