Luis Sánchez Sancho
Aurora (Eos la llaman los griegos) es una mujer joven y tan bella como la misma Afrodita. Cubre su hermoso cuerpo sólo con una túnica transparente de color amarillo pálido que deja ver sus formas perfectas y exquisitas. Lleva en su mano izquierda una antorcha con la que derrama una suave luz, entre lechosa y rosada. Y con la mano derecha va arrojando pétalos de rosas y esparciendo el rocío que saca de un cántaro de oro.
Montada en un carruaje de oro del que emanan destellos de fuego, tirado por dos soberbios y briosos caballos blancos, Aurora surca el cielo rompiendo la oscuridad y dando paso a la luz.
Aurora es hija de dos Titanes: Hiperión y Tía (también se dice que es hija de Apolo); hermana de Helio (el Sol) y de Selene (la Luna). Es la encargada divina de abrir las puertas del día.
En cierta ocasión Afrodita sorprende a Aurora haciendo el amor con Ares (Marte) y, dominada por los celos y la ira, la castiga haciéndola vivir siempre enamorada, pero sin que le duren los amores. Por eso son incontables sus romances de los que sólo mencionaré algunos principales:
Uno de los más apasionados amores de Aurora es con Titonio, hermano de Príamo —el infortunado rey de Troya, padre de Paris y suegro de la bella Helena—, con quien Aurora ansía pasar toda la vida y por eso pide a Zeus que le dé a su amado la inmortalidad, que es un atributo de los dioses.
Zeus accede a la petición de Aurora, pero ésta olvida pedirle que también le conceda a su amante la eterna juventud. De manera que Titonio vive largamente pero envejeciendo de más en más, hasta que se seca y parece un pergamino. Su martirio termina cuando los dioses, condolidos de su situación, lo convierten en una cigarra (chicharra) que Aurora conserva en su palacio.
Aurora también tiene amores con Orión, el cazador mitológico notable por su extraordinaria apostura y su fuerza excepcional. Pero el engreído Orión ofende a Artemisa y ésta lo castiga con la muerte. Aurora, inconsolable, derrama sus lágrimas de rocío sobre el cadáver de Orión y lo conduce hasta las profundidades del cielo, donde lo convierte en la estrella y constelación que, en su honor, lleva hasta ahora su nombre. Sin embargo Orión sólo puede brillar —y por lo tanto vivir— durante la noche. Cada vez que aparece Aurora con su antorcha de luz para abrir las puertas del día, Orión tiene que volver a morir y, por lo tanto, a desaparecer del cielo.
Con Astreo Aurora sostiene un intenso romance y le da cinco hijos. Son los vientos: Céfiro, Bóreas, Noto y Euro, y la estrella matutina Eósforo, también llamado Héspero, que en la mitología romana se le conoce también como Lucifer (el portador de la luz).
Otro día Aurora se enamora de Céfalo, hijo de Hermes (Mercurio), lo rapta y se lo lleva en su dorado carruaje hacia los cielos. Pero Céfalo ama inmensamente a su esposa, Pocris y no reacciona a los requerimientos amorosos de Aurora. Entonces, conmovida por semejante fidelidad, Aurora deja libre a Céfalo y lo devuelve a su hogar.
Y así, todos los días, al amanecer, Aurora sale a abrir las puertas del día y a buscar un nuevo amor, que lo quisiera para siempre pero por el castigo de Afrodita ha de resultarle siempre fugaz.