Edmundo Dávila Castelló[email protected]
Las recientes elecciones municipales del país fueron un triunfo inesperado para el sandinismo y una penosa derrota para el PLC, como no se había visto desde 1990. Existen varios factores que contribuyeron con ese inusitado fenómeno electoral, que expongo breve y serenamente a continuación:
División del PLC. El origen de esta lamentable escisión ha sido la endémica y atosigante “lucha contra la corrupción”, dirigida principalmente contra el doctor Arnoldo Alemán, en quien se ha hecho converger y encarnar toda la corrupción de la historia reciente del país y de lo cual el pueblo de Nicaragua no ha obtenido ningún beneficio tangible, pues seguimos pagando los mismos impuestos desde antes que Alemán fuese encarcelado: la deuda interna, producto de los numerosos bancos quebrados, la desproporcionada deuda externa, los bonos emitidos para compensar a los confiscados, etc., impuestos que a la fecha no han sido abultados por lo que supuestamente “se robó” Alemán. El juicio contra éste, por su carácter unilateral y apasionado, ha generado agrias controversias, luchas y serios conflictos entre sus simpatizantes y detractores. Las graves acusaciones contra Alemán, juzgado por sus enemigos políticos (“Si tu juez es tu enemigo, ten por seguro que te condenará”) como corrupto solitario, influyeron en el abstencionismo de muchos, que han creído firmemente en el fallo condenatorio contra el ex mandatario.
El presidente Enrique Bolaños, por su lucha singular e incesante contra Alemán, tuvo que romper con el PLC, causando graves trastornos, pugnas y malestares en dicho partido, incidiendo ostensiblemente en la vida política, económica y social del país, y por ende agudizando la polarización del pueblo, que mientras permanezca tenso y fragmentado, continuará soportando el peso de los malos gobiernos.
La pobreza y la desocupación fueron factores socioeconómicos determinantes. Gran parte de la población de Nicaragua es paupérrima y rondan por sus calles centenares de miles de desocupados. De nada sirve hacer vagas y dudosas proyecciones de desarrollo a 20 ó 25 años, cuando no se procede de inmediato a paliar esta consabida y acuciante situación. Eso equivale a que un ajedrecista, al mover una pieza, haya previsto veinte jugadas adelante y no advierte que en la movida siguiente le están dando el “jaque mate”.
Una población que sobrevive, sin trabajo, desprotegida, frustrada, etc., no siente ningún incentivo para votar, porque nunca se le resuelven sus problemas vitales. ¿Para qué molestarse si la situación seguirá igual o peor?
Los dos caudillos, a quienes se les achaca todos los males del pueblo, aludiendo peyorativamente a sus pactos, repactos, etc., sin duda inclinó también a muchos a la abstención. Pero no cabe hablar de ese “par” de caudillos pactistas, porque uno de ellos —Ortega—, es libre para hacer con el país lo que le venga en gana, mientras que el otro —Alemán— se encuentra maniatado y sin poder, con grandes limitaciones de toda índole: prisionero, enfermo, vilipendiado, acosado, etc., y aunque siga siendo líder del PLC, en tan deplorables y desventajosas condiciones no puede “competir” en forma alguna con el otro, que tiene poderes omnímodos muchos años antes de que Alemán surgiera en la palestra política. Sin embargo y curiosamente, a Ortega nunca se le llamó “caudillo”.
Los abstencionistas demócratas que identifican la democracia con las elecciones. Algunos dicen que de nada sirve votar, porque los sandinistas han continuado gobernando Nicaragua después de que aparentemente perdieron el poder, en 1990. Otros piensan que en vista de la propaganda negativa de los medios, los “dos partidos corruptos” dominan el país para su beneficio partidario o personal. Hay que reconocer, sin embargo, que el PLC se originó como la “contra” política del sandinismo y es consecuencia directa del mismo. Estos dos partidos mayoritarios, son antagónicos por naturaleza y la existencia de ambos es natural y necesaria para equilibrar la balanza de nuestra precaria democracia.
El abstencionismo y la división del PLC favorecieron abiertamente al sandinismo, pues tanto los ausentes como los divididos votaron directa o inconscientemente por dicho partido.
La falta de una coalición poderosa, tal como las que se formaron en los años 1990, 1997 y 2001 con los partidos demócratas, demostraron claramente que sólo la unión hace la fuerza contra el sandinismo, aunque sea en las urnas.
Si lo ocurrido en las elecciones municipales se va a repetir en las presidenciales del 2006, sería en vano hacer pronósticos y encuestas estériles, pues todos de antemano ya sabremos el resultado que nos sumiría. de nuevo, en la mayor incertidumbre…
El autor es Ingeniero Civil