LA DICTADURA NO PUEDE OCULTAR LA VERDAD

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Cuba: el mismo viejo son

Alberto L. Alemán Aguirre Nadie puede dudarlo. El régimen comunista de Fidel Castro es un campeón mundial absoluto en astucia y capacidad de supervivencia. Y una vez más, la comunidad internacional parece caer tontamente en el mismo viejo juego de la más larga dictadura latinoamericana. Hace unos días, vimos los gestos de buena voluntad de […]

Alberto L. Alemán Aguirre

Nadie puede dudarlo. El régimen comunista de Fidel Castro es un campeón mundial absoluto en astucia y capacidad de supervivencia. Y una vez más, la comunidad internacional parece caer tontamente en el mismo viejo juego de la más larga dictadura latinoamericana.

Hace unos días, vimos los gestos de buena voluntad de rigor del castrismo al inicio del deshielo en sus relaciones con la Unión Europea: la liberación de un grupo de prisioneros políticos, encarcelados en realidad por expresar en público opiniones contrarias a la línea oficial y acusados, como es habitual, de “agentes imperialistas” y “conspiradores contrarrevolucionarios”.

Como muy bien lo expresó el disidente Elizardo Sánchez, “el gobierno cubano no piensa abrir la mano, sólo entreabrirla por razones utilitarias”.

La Sociedad Interamericana de Prensa señaló que las excarcelaciones son un paso positivo, pero “insuficiente”.

Desde su llegada al poder en marzo pasado, el presidente del Gobierno español, el socialista José Luis Rodríguez Zapatero, lidera un acercamiento político hacia La Habana dentro de la Unión Europea. Arguye que las posturas duras y el cierre del diálogo que han acrecentado el aislamiento castrista, no han producido resultado en una apertura o democratización.

España es un muy importante inversor extranjero en Cuba, particularmente en el atractivo sector turístico, con US$100 millones 300 mil hasta 2002, según cifras del U.S.-Cuba Trade and Economic Council .

Aboga por reanudar el diálogo político y normalizar las relaciones, “congeladas” por el encarcelamiento de 75 disidentes el año pasado, la mayoría de los cuales permanece en prisión.

La liberación de prisioneros políticos a cambio de concesiones o de reconocimientos internacionales, no es nuevo. Fidel Castro lo ha practicado desde hace décadas. Diálogo, apaciguamiento… ¿qué resultados hay? En nada han menguado lo represivo, la brutalidad y la crueldad de una dictadura tan innoble como la de Francisco Franco.

Y pensar nuevamente que esta vez dé algo, es ingenuo. O simplemente haya otros motivos reales no muy visibles.

Indudablemente, poderosos intereses económicos podrían estar influyendo en la revisión de la política de la UE. Italia, Francia, Holanda, España, Suecia; todos están en la lista de los grandes inversionistas en la isla. “Si hacen negocios en China ¿por qué no en la isla?”, pensarán muchos.

¿Que la inversión extranjera ayudará a fomentar reformas? Dudoso.

En un interesante y extenso artículo publicado en la revista World Affairs en 1997, la académica Maria C. Werlau brinda algunas razones básicas que impiden que tal cosa sea realidad. En particular, enfatiza que el sistema está diseñado para garantizar el acceso del Estado a estos capitales, suprimiendo a la vez su impacto en los mecanismos socioeconómicos y políticos.

Hay que admitir que ser amigo de Cuba y oponérsele a EE.UU., ayuda con la popularidad en Europa.

Naturalmente, también es evidente que el embargo estadounidense tampoco ha logrado hacer caer a Castro.

El problema es que tanto la UE como EE.UU. carecen de un plan estratégico de cómo tratar con Cuba y de una futura transición tras la muerte del líder absoluto. En EE.UU., la política hacia la isla es rehén del exilio anticastrista, tan importante en las últimas dos elecciones presidenciales.

En los años 70, los Acuerdos de Helsinki entre Oeste y Este en Europa, dieron legitimidad a los regímenes comunistas, pero a la vez, dieron armas —en el área de los derechos humanos— que contribuyeron a corroer la cortina de hierro. ¿Podría algo así aplicarse a Cuba?

Lo más triste de todo, es el doble rasero de una gran parte de la civilizada izquierda europea, tan brillantemente criticado por el filósofo Fernando Savater.

En un precioso artículo publicado en el diario El País hace unos diez años, Savater cargaba contra ese doble estándar democrático.

Decía que los amigos europeos de Cuba pensaban que a América Latina lo que le iba eran guerrillas y dignísimos comandantes barbudos antimperialistas.

“En cambio, a nosotros (los europeos), que no nos toquen el burgués Estado del bienestar”, apuntaba certeramente el pensador. “¡Cuándo se acabarán de una vez los puñeteros virreinatos de América!”, clamaba.

Y yo quisiera preguntar: ¿Por qué los latinoamericanos no podemos aspirar a vivir tan bien y en libertad como en Europa y debemos aceptar la ignominia de Castro como alternativa?

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