Eduardo Enríquez
Ayer salió de su supuesta prisión, en el Hospital Militar, Arnoldo Alemán. Salió para su casa-hacienda El Chile. Desde hace días todos los nicaragüenses estábamos esperando eso, no porque el ex Presidente sea inocente de los casos que se le imputan, sino porque veíamos claramente en la Asamblea Nacional los resultados de las negociaciones políticas que se estaban dando entre el propio Alemán y Daniel Ortega.
Negociaciones que han desarticulado al Estado y han trasladado ilegítimamente todo el poder a la Asamblea Nacional y de allí al Frente Sandinista, que no ha recibido ese mandato ni ese poder de parte del pueblo.
Pero la verdad es que los caudillos, Alemán y Ortega, no podrían hacer sus desmanes si no tuvieran gente dispuesta a ayudarles y sacar provecho personal sirviendo al concubinato perverso del pacto.
Es por eso que hoy, cuando la primera etapa de esa vergonzosa negociación ha concluido, quisiera saber qué se siente estar al servicio del pacto.
Por ejemplo, a mí me gustaría preguntarle a la ahora magistrada Juana Méndez ¿qué se siente dictar prisión domiciliar a Alemán, luego dictar su traslado a la cárcel La Modelo basándose en cómo vayan las negociaciones políticas y no en criterios jurídicos? o ¿cómo explica la magistrada que en el caso de la “huaca” Alemán es valetudinario y en el caso del Canal 6 no lo es?
A mí también me gustaría preguntarle al juez David Rojas ¿cómo puede justificar él, frente a un espejo, haber tenido a Alemán cinco meses en el hospital porque le operaron un dedo? Y si es por las múltiples enfermedades del ex Presidente, ¿cómo es que “los médicos determinaron” que tenía que estar en el hospital hasta por los menos el 7 de diciembre, pero sale campante y saludable apenas recibe el sobreseimiento de los magistrados?
A los miembros de la Contraloría me gustaría preguntarles ¿qué se siente tener la cara dura de decir que en los casos de la “huaca” y Canal 6 no encontraron pruebas contra Alemán, cuando hay pruebas de que el dinero robado fue a parar a la FDN y hay firmas del ex Presidente solicitando traslado de esa cuenta a cuentas de su esposa y su suegro?
Y a los magistrados Enrique Chavarría, Martha Lacayo y Silvia Rosales, del Tribunal de Apelaciones, me gustaría preguntarles ¿cómo explican que tuvieron ese expediente por dos años, pero no fallan hasta que —justamente— se consuman las negociaciones entre Alemán y Ortega?
También me gustaría preguntarle a los magistrados de la Corte Suprema ¿qué se siente presidir sobre esa obvia manipulación y ultraje de la justicia?
A la mayoría de los magistrados de la Corte eso no los ruboriza, pero al menos uno —y en realidad viendo la lista sólo hay uno— debería renunciar para salvar su honor.
Ésas son las preguntas que me han estado inquietando desde hace días. Puede que el ser llamado “magistrado”, la camioneta, el gran sueldo y el poco esfuerzo no deje a estas personas pensar mucho en qué se siente, pero cuando están solas con su conciencia, en realidad, ¿qué se siente?