Pedro Rafael Gutiérrez Doñ[email protected]
Naamán es un personaje del Antiguo Testamento, jefe del ejército sirio del siglo X antes de la era cristiana, de grandes cualidades, conocido como “hombre grande, valiente, poderoso, y tenido en gran estima”. Pero tenía lepra. En Israel, la ley decía que todo leproso debía mantenerse aislado, se les declaraba inmundos, tenían que rasgarse las vestiduras, dejarse el pelo largo y sucio y gritar a su paso ¡Inmundo!
El profeta Elías le manda a decir que para curarse tiene que bañarse siete veces en el río Jordán, impidiéndole su orgullo, de momento, recibir su curación. Luego, con humildad hace lo que el profeta le dice y se sana de forma milagrosa.
Tomás y Herty son en la actualidad dos personajes de la política nicaragüense con alguna experiencia en teoría y prácticas militares, no tan grandes, ni tan valientes, ni tan poderosos y tenidos por muchos en poca estima y, con lepra.
La lepra en la actualidad es una sombra de lo que era en el pasado, no como una enfermedad física repugnante, sino como una enfermedad del alma. Herty y Tomás, igual que Naamán están enfermos, enfermos de orgullo, esa lepra que carcome la vida del ser humano y que no les permite sanarse.
Contrario a lo que hizo Naamán, estos dos personajes en vez de dejar su orgullo y bañarse siete veces en Tiscapa, aumentan su vanagloria y luego de zambullirse y recibir loas de fanáticos, salen más sucios de como entraron, ataviados de coliformes y lepra en el alma.