Jorge J. Cuadra V.
Cuando nos sentamos ante el televisor y vemos el spot publicitario del millón de dólares que está rifando la Lotería Nacional, nos preguntamos ¿qué país es ese? ¿quiénes son esas felices personas que nos enseñan su felicidad?
Primero salen unas muchachas lindas vestidas de Navidad, luego una limusina escapada del clan de los Corleone y de ella una pareja digna de la ciudad de los ensueños, Hollywood, aunque en realidad más parecen representantes de uno de los carteles del sur.
Nada es parecido a nuestra realidad y parece ser el sueño que subyace en el interior de la mayoría de los nicaragüenses, que quieren escapar de este infierno en que vivimos.
El spot nos dice que si nos sacamos el millón de dólares lo primero que haremos es abandonar el país en busca de la nieve de verdad. Yo creo que si un nicaragüense común y corriente, de esos que viven en los barrios de Managua, se saca el millón, no se vestiría de esmoquin blanco, ni se pasearía en una limusina de padrino, sino que sacaría de la miseria a cuantos parientes pueda y se construiría una casa lo más lejos posible del Dimitrov, pero siempre en Nicaragua. Eso es lo que debería proyectar el spot publicitario y no el desprecio por nuestro país.
Debemos olvidarnos de Santa Claus y volver al Niño Dios en su pesebre de paja; debemos de dejar de pretender que nuestras navidades son tan frías como las de Nueva York y sobre todo debemos abandonar el pensamiento frívolo de que vivimos en un ambiente limpio como el de San Francisco de California.
Nuestra realidad es otra y por fea que sea, es la nuestra. Lo que deberíamos hacer es plantar en la cabeza de todos los nicaragüenses la idea de la superación y así vamos a ir cambiando poco a poco.
No es glorificando lo que no tenemos, como vamos a salir adelante, sino proyectando lo que tenemos e incentivando a nuestros ciudadanos a superar las actuales condiciones.