Noé Rojas
La disciplina jurídica debe ir ligada a los acontecimientos nacionales, y para que la sociedad tenga al menos la oportunidad de opinar, el ingreso tardío de ésta puede ser fatal para Nicaragua. Promover leyes para beneficiar caudillismos trasnochados o en su defecto cobrar absurdas venganzas, no es legislar. Todo proceso de formación de leyes o proceso judicial involucra en una sociedad libre el profundo y permanente fenómeno de masas que deben en cierto sentido ser tomados en cuenta.
El derecho impuesto por la fuerza parlamentaria —leyes y reformas constitucionales— conducirá al fracaso, pues estas leyes obedecen a términos exclusivos e individuales de quienes controlan ese poder, que toda Nicaragua saben quiénes son. Con esto lo que se configura es el germen pactista que cada día se extiende y perdura.
Ya es hora que se proteste frente a los diputados que hablan en nombre del pueblo, y es de quien más se burlan y sacrifican de nada sirve la toga nueva si es conducida por una mano corrupta que actúa consolidando la desconfianza social. Los distinguidos diputados hacen el derecho como legisladores que son, y el juez o tribunal que es producto del mismo conducto está en este caso obligado a aplicar el derecho debidamente pactado.
El Presidente de la República con cierto acierto anuncia una consulta o referéndum a un pueblo cansado de tanta corrupción por dirigentes que según ellos son los dueños de la verdad. Ya es el momento para decir basta. Como se le anunció en su oportunidad a Somoza. Basta de incontinencia legislativa de reformas apresuradas, de improvisaciones o parches, o igual a leyes oscuras que sólo generan una crisis nacional producto de apresuramientos politizados. Les recuerdo a los dos caudillos del país —como dijo Julio César, el romano— “creen que sólo hay violencia cuando se hiere a un hombre”.
Pico Rivera, California