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Una Turista camina en la zona de las playas de Santo Domingo. La afluencia turística a la isla de Ometepe no ha disminuido a pesar de la muerte de dos turistas en el volcán Maderas.

José Cruz: “Sentí pesar por esos muchachos”

Noelia Sánchez RicarteNoelia Sánchez Ricarte La imagen de dos cuerpos, casi convertidos en osamentas, fue devastadora. Tras varias semanas de búsqueda, José Ángel Cruz, un campesino de 52 años, originario de Mérida, Ometepe, había encontrado a dos extranjeros en un lugar llamado el Farallón de San Ramón. Con el hallazgo sintió ganas de llorar, pues […]

Noelia Sánchez RicarteNoelia Sánchez Ricarte

La imagen de dos cuerpos, casi convertidos en osamentas, fue devastadora. Tras varias semanas de búsqueda, José Ángel Cruz, un campesino de 52 años, originario de Mérida, Ometepe, había encontrado a dos extranjeros en un lugar llamado el Farallón de San Ramón. Con el hallazgo sintió ganas de llorar, pues confiesa que lo embargó un sentimiento de humanidad que le hacía preguntarse “cómo habían sufrido ahí”.

El hallazgo ocurrió el viernes 3 de diciembre. Jordan Alexander Ressler, norteamericano de 23 años, y el británico Nicholas L. Roth, de 28, desaparecidos el pasado 17 de noviembre al subir al volcán Maderas, sin guías, fueron por fin localizados luego de días de intensa búsqueda y cansancio.

Para dar con ambos cuerpos, según José Ángel, tuvieron que recorrer un camino cuesta arriba con piedras que se despegaban y se venían, “muchas veces caminamos de arrastras, poniendo mecates”, indicó.

A pesar de ser un campesino fuerte, como él mismo se describe, José Ángel Cruz no pudo evitar sentirse triste. “Sentí un dolor de imaginarme cómo sufrieron ahí, la salida estaba relativamente cerca desde arriba”, comenta.

“Sentí pesar por esos muchachos, les agarré cariño, pues me preocupaba que estaban perdidos, como humano me preguntaba cómo estarán los pobres, me movió un sentimiento para ir a buscarlos, no andaba por dinero y quería verlos vivos para oír sus experiencias, cómo habían pasado la noche”, comenta este isleño.

LA BúSQUEDA FINAL

El viernes 3 de diciembre se recibió un aviso de un trabajador de San Ramón, que indicaba que cerca de la cascada (que lleva ese mismo nombre) había zopilotes que volaban con mucha fluidez y que de repente el viento traía cierto mal olor.

“Yo había planteado mi inquietud acerca de la búsqueda en esa zona, pero en otras ocasiones me dijeron que ya habían operado en ese lugar; entonces decidieron que un costarricense, dos cheles y cuatro campesinos haríamos el viaje hacia la zona de los zopilotes”, recuerda Cruz.

Se fueron directo al lugar. “Era bien peligroso, nos ubicamos en la zona a las 11:00 de la mañana del viernes, bajamos, rastreamos y no había nada, decidimos entonces salir del lugar como a eso de las 2:00 de la tarde y se me puso la duda de que era en otro cañón cercano que estaban”, agregó.

“Miré extraño que los zopilotes planeaban la zona sacando el tren de aterrizaje (sacando sus garras para descender), le dije al tico que me acompañara más abajo y los cheles insistían en que nos fuéramos”.

Cruz dice que decidió bajar con la compañía del costarricense “y en una vuelta del cañón me subí a un palo y observé algo azul extraño, ellos son me dijo el tico; ganamos otro acantilado y ahí sí los vimos”.

El rescate de los extranjeros fue posible hasta el domingo 5 de diciembre.

CREE QUE ESTABAN VIVOS

Para don José Ángel Cruz la noticia de la falsa alarma que indicaba el hallazgo de los dos jóvenes extranjeros vivos, fue fatal porque se perdió un tiempo muy valioso en la búsqueda.

Según cuenta, antes de esa falsa alarma un grupo de pobladores estaba cerca de esa zona, “pero alguien los llamó para que se bajaran, pues supuestamente los habían encontrado, pero no fue así”. Luego de ese incidente, durante dos días la búsqueda no se continuó.

La tesis de este campesino es que ambos jóvenes estaban vivos arriba del acantilado. “De ahí pudieron haber visto luces cercanas, quisieron bajar pensando que salían pero mas bien se metían en lo más difícil, creo que las piedras se derrumbaron y cayeron al vacío”.

Aunque la famosa recompensa de cinco mil dólares fue suspendida días antes del hallazgo, al final a don José Ángel, “los cheles” le entregaron 1,200 dólares, los que asegura repartirá entre 30 personas. Igualmente a un grupo de personas que subieron del lado de la hacienda Magdalena les entregaron 800 dólares.

EL CAMINO

En 1983 don José Ángel Cruz, el campesino que divisó los cuerpos de los extranjeros, dice haber abierto la trocha que conduce hacia la zona de San Ramón, volcán arriba; ese es precisamente el mismo sendero que ocuparon para llegar hasta el farallón donde encontraron a Jordan Alexander y Nicholas.

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