Roberto Argüello Noguera
Tiene razón el diputado Cairo Manuel López al decir que no siempre el Presidente de la República elige a personas idóneas para los cargos de ministros y otros altos funcionarios gubernamentales.
También es cierto que los ministros y otros funcionarios no son, ni deben ser, empleados del Presidente, sino que deben trabajar para Nicaragua y por el bienestar de los nicaragüenses, con un sentido de Patria, de nación.
Pero, ¿y los diputados? ¿al servicio de quién están? Seguro que no al servicio de Nicaragua. Ellos trabajan y legislan en franca obediencia a dos señores que, lejos de pensar en el futuro de Nicaragua, viven y funcionan en relación directa a su conveniencia personal.
De los 93 diputados quizás no más de 20 sean los que al menos sacan la cara para responsabilizarse por mociones partidarias personalizadas. Los otros 73 sencillamente obedecen, silenciosos y genuflectos, las órdenes del patrón.
¿Quién podrá juzgar la labor de estos mudos incapaces y la de esos habladores, capaces de todo? ¿estarán estos diputados al servicio de la Patria? ¿tienen ellos la autoridad moral para descalificar a un igual (inepto)? Si nos atenemos a la experiencia de nombramientos o confirmaciones pasadas, es claro deducir que han sido un fiasco. ¿Tendrá la AN la capacidad de autoanalizarse y corregir su rumbo, función y destino? Lamentablemente es poco probable.