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¿Quién cambió, el cardenal Obando o el Frente?

Eduardo Enríquez

Desde hace meses se vienen dando señales de ambas partes, pero ayer quedó clara la “reconciliación” del Frente Sandinista con el cardenal Miguel Obando. Ayer apareció en otro Diario un anuncio multicolor que dice: “Con usted, cardenal Miguel, Pastor de la Reconciliación”, firmado por el FSLN.

Quiero señalar que a pesar de lo pluricolorido del anuncio, no aparecían por ningún lado el rojo ni el negro.

Pero mi punto no es ese, sino la obvia reconciliación entre otrora enemigos acérrimos como el cardenal Miguel Obando, guía espiritual de los católicos nicaragüenses, y el Frente Sandinista de Liberación Nacional.

De todos es conocido el antagonismo entre la Iglesia y el Frente Sandinista en la década de los 80, pero no es necesario ir tan lejos para recordar esa enemistad.

El famoso “viborazo” dado por el Cardenal horas antes de las elecciones fue hace apenas ocho años. Y cuando le preguntaban al Cardenal durante esa misma campaña, y aún durante la del 2001, sobre la supuesto arrepentimiento que el candidato Daniel Ortega exhibía, aquél contestaba con la parábola de Zaqueo (que para demostrar verdadero arrepentimiento tuvo que devolver todo lo robado).

Y no fue hace más de tres o cuatro años que a la Plaza de la Fe, durante un 19 de julio, llegaron simpatizantes sandinistas ridiculizando el cáliz y la mitra arzobispal pintada de rojinegro (todavía en ese tiempo la dirigencia sandinista exhibía orgullosa sus colores).

Pero, ¿qué pasó desde entonces a esta parte? No es que yo esté en contra de las reconciliaciones, me parece maravilloso, pero no es necesario tener cuatro dedos de frente para preguntarse: ¿Qué pasó? ¿Quién cambió, el Cardenal o el Frente?

Porque una reconciliación no se da a menos que la situación que causó originalmente el rompimiento se haya subsanado. ¿Quiere decir entonces que el Frente Sandinista y Daniel Ortega en particular han decidido abjurar de la doctrina de abusos con que gobernaron en los años 80? Será, por ejemplo, que ahora, en lugar de promover un congreso de brujas como lo hizo en 1989 doña Rosario Murillo, cuando todavía era Primera Dama, ahora promoverá un encuentro de familias católicas?

¿O será más bien que el Cardenal, como buen cristiano, decidió simplemente perdonar y poner la otra mejilla? Si es así, entonces ¿habrá visto el Cardenal, en los ojos de don Daniel y doña Rosario verdadero arrepentimiento?

Puede que éste sea el caso, sin embargo creo que ésas son preguntas que se debe hacer cada nicaragüense, porque si lo que estamos viendo es una reconciliación basada en el arrepentimiento y el amor, Nicaragua debería estar de fiesta.

¿Por qué no lo estamos celebrando?

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