- Salvatore Mancuso, jefe máximo de los paramilitares colombianos, dejó atrás 20 años de guerra
- Pidió perdón a los Estados Unidos, país que solicita su extradición para juzgarlo por narcotráfico
Colombia/AFP
Con su futuro incierto por un pedido de extradición de Estados Unidos y sin saber aún si irá a prisión por los crímenes de que se le acusa, Salvatore Mancuso, jefe máximo de los paramilitares colombianos, entregó ayer su pistola Prieto Baretta, dejando atrás dos décadas de lucha antiguerrillera.
Vestido de camuflado, al que había renunciado en los últimos meses, y protegiendo sus ojos del sol con unos lentes oscuros, Mancuso bajó de la tarima en la que se encontraba, caminó hacia donde el comisionado de paz Luis Carlos Restrepo, y lentamente desenfundó el arma, pero esta vez para decirle adiós al conflicto al que dedicó 10 de sus 39 años de vida.
Sin embargo, en un curioso gesto, el líder paramilitar entregó el proveedor vacío, conservando en su mano la munición que guardaba, quizás como recuerdo de sus años en la guerra.
Uno de los milicianos entregó a Mancuso la bandera del denominado Bloque Catatumbo, y éste, a su vez, se la pasó a Restrepo, quien la depositó en una mesa dispuesta para tal fin.
Tras ese hecho simbólico, sin pausa y en medio de un calor asfixiante, uno a uno 1,425 paramilitares del Bloque Catatumbo, de ellos sólo cinco mujeres, fueron entregando sus armas a la voz de “Bienvenidos a la civilidad”, de boca del comisionado.
LLORÓ
Minutos antes, tras una serie de discursos protocolarios, Mancuso había hecho un corto análisis de las causas y el desarrollo del movimiento paramilitar.
Ahí trató de vislumbrar el futuro de sus hombres y el suyo propio, oscurecido por acusaciones de violaciones de derechos humanos y un pedido de extradición por narcotráfico, hecho por Estados Unidos.
Pero fue precisamente en el momento de su intervención cuando el líder paramilitar, considerado el representante del ala dura de los paramilitares, pareció derrumbarse en dos o tres ocasiones, al debilitarse su garganta y dejar escurrir entre sus mejillas gruesas gotas de llanto, que trató de ocultar bajo sus lentes.
“Con el alma anegada de humildad pido perdón al pueblo de Colombia, pido perdón a las naciones del mundo, entre ellas a los Estados Unidos de Norteamérica, si por acción u omisión las pude ofender”, dijo entonces Mancuso con la voz quebrada por la emoción.
“Hay un mar de confusiones, tristezas y alegrías, tristezas por algunas cosas que se dejan atrás y alegrías por lo que puede venir. Son sensaciones propias del momento que estamos atravesando y del camino que estamos construyendo”, había señalado el jefe paramilitar poco antes de su desmovilización.
URIBE DECIDIRÁ EXTRADICIÓN
Tla localidad de Santa Fe de Ralito (norte), sede de los diálogos y donde rige una suspensión de órdenes de captura, a la espera de la decisión del presidente Alvaro Uribe sobre el pedido de extradición que ya fue aprobado por la Corte Suprema de Justicia.
Descendiente de italianos y casado con una ciudadana francesa, Mancuso inició a mediados de los noventa, cuando era un próspero ganadero en el norteño departamento de Córdoba, su lucha contra la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), que extorsionaban a su familia.
Ahora, más de una década después, Mancuso describe su desmovilización como “un acto de fe”, sin perder de vista, como dijo hace poco, que estaría dando “un salto al vacío”.
EL BLOQUE MÁS PODEROSO
Los 1,400 paramilitares colombianos del Bloque Catatumbo, el más poderoso de los paramilitares, se desmovilizó en Tibú, zona fronteriza con Venezuela, donde, además de desplazar a las guerrillas, han cometido numerosos asesinatos y masacres.
En los últimos días se han ido concentrando estos paramilitares, junto a su jefe, un capitán retirado del Ejército conocido como “Camilo”, y el principal líder de las Autodefensas Unidas de Colombia (UC), Salvatore Mancuso.
La desmovilización de este poderoso bloque de autodefensas es la mayor, hasta ahora, desde que en julio de 2003 se alcanzase un acuerdo entre el Gobierno del presidente colombiano Álvaro Uribe y la dirección de las AUC.
Según ese acuerdo, los aproximadamente 19,000 miembros de esta organización, surgida hace veinte años, abandonarán las armas y se desarticularán a finales de 2005.
El compromiso para finales de este año 2004 incluye la desmovilización de unos 3,000 armados, de los que hasta ahora lo han hecho, incluidos los de ayer, unos 2,000.
En esta zona fronteriza con Venezuela, “Camilo” y su gente entraron en 1999 y, desde entonces, han ido desplazando a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), la más importante guerrilla del país, y al Ejército de Liberación Nacional (ELN), segunda guerrilla, que se han tenido que replegar.
“POR LA GUERRA”
Un informe elaborado por la organización Fundación Progresar, que trabaja en el Catatumbo desde hace diez años, contabilizaba más de 200 homicidios individuales y 44 colectivos, sólo desde julio de 2003, por parte de los “paras”. Los jefes paramilitares repiten una y otra vez que “lamentan” estos hechos y piden perdón a los habitantes de las zonas donde actúan, pero achacan los excesos a la “guerra”.
