LA DICTADURA NO PUEDE OCULTAR LA VERDAD

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14
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desde que nuestras instalaciones fueron tomadas y nuestro gerente general Juan Lorenzo Holmann fue detenido.

con las instalaciones tomadas y nuestro gerente general Juan Lorenzo Holmann detenido.

¡Adiós firulais!

José Adán [email protected] Ella iba en el asiento trasero del taxi cuando de pronto un bólido adelantó por el carril derecho. Escuchó un frenazo, oyó el golpe seco y un rápido aullido lastimero. Otros carros, incluyendo el taxi en que ella iba, frenaron por instinto y por poco ocurre una orgía de carros chocados. Luego […]

José Adán [email protected]

Ella iba en el asiento trasero del taxi cuando de pronto un bólido adelantó por el carril derecho. Escuchó un frenazo, oyó el golpe seco y un rápido aullido lastimero. Otros carros, incluyendo el taxi en que ella iba, frenaron por instinto y por poco ocurre una orgía de carros chocados.

Luego de unos desquiciantes minutos de cláxones, todo volvió a la normalidad y ella pudo ver (por qué todos los conductores pasaban despacio a la orilla del muerto), en mitad del asfalto, el cadáver peludo del firulais de turno que había dicho (o ladrado) adiós al mundo cruel.

El carro que lo mató no frenó a tiempo (iba rápido el cabrón). Luego siguió en su faena de velocidad innecesaria y quizás más rápido se alejó de la escena del crimen. Eso ocurrió en la pista que va del Centro Comercial Managua hacia el Mercado Central.

A los días el can era una masa nauseabunda mezclada por las llantas de quién sabe cuántos autos. Nunca he visto cómo atropellan a un perro, pero sí he visto los cuerpos de animales muertos tirados por varios días en las pistas de Managua y es una imagen horrible que no creo que abone a la promoción turística del país.

Al respecto quiero tomar prestada una frase que escuché un día de éstos sobre el tema: “si es un crimen matar a un perro en la calle, es más criminal dejarlo ahí tirado”.

¿Cuántos animales mueren en las calles diariamente? No hay un censo, y probablemente nunca lo haya a menos que un día de éstos uno de esos altruistas amigos de la naturaleza, investigador social, periodista sin oficio o un estudioso “de toda cosa”, dedique sus esfuerzos a tratar de cuantificar el asunto.

El caso es que más allá de descubrir la frecuencia de canes muertos por efectos de la velocidad, existe un trasfondo que raya entre la responsabilidad de la salud pública, lo estético y lo ético.

Sobre lo estético, ¿se puede esperar algo del Ministerio de Transporte o la Alcaldía de Managua? Aparte de organizar carreras de caballos y “regañar” a los españoles que construyen a bostezos la carretera a Masaya, no creo que ese Ministro tenga la sensibilidad para cosas “tan vagas”. El alcalde prefiere nadar en Tiscapa y salir bien en las encuestas.

¿El Ministerio de Salud? Tiene una huelga de médicos y padece una crónica falta de presupuesto. Además, no veo al alto Ministro ordenando una investigación sobre los efectos en la salud humana de los perros atropellados en la vía pública. A lo sumo llegarían a recogerlo, quemarlo y rociar desinfectante en el sitio donde el firulais dijo sus últimos “guau-guau”.

El caso es que si las autoridades hacen poco, hagámoslo nosotros (conductores y peatones). Por sanidad, altruismo o espiritualidad: ellos también son seres vivos y hay que respetarlos. Sin los animales el hombre viviría una pobreza espiritual que ni el Banco Mundial y sus planes para erradicar la pobreza podría combatir. Por eso cuando maneje rápido pregúntese qué haría si en vez de un perro es un niño el que cruza la calle. Y si no tiene carro, pregúntese si le gustaría ver expuesto por varios días sobre el asfalto el cuerpo de alguien querido, o al menos conocido. Pregúntese.

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