LA DICTADURA NO PUEDE OCULTAR LA VERDAD

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desde que nuestras instalaciones fueron tomadas y nuestro gerente general Juan Lorenzo Holmann fue detenido.

con las instalaciones tomadas y nuestro gerente general Juan Lorenzo Holmann detenido.

El rostro humano de la globalización

Álvaro Lacayo Argüello

“La genuflexión respetuosa de Dunia quedó grabada para siempre en la retina de la prostituta aquella tarde cuando en el cuartucho de Raskolnikov por primera vez en su corta existencia alguien le hacía sentir su condición humana, Sonya acarició aquel recuerdo como lo más precioso de su vida, pero esa lejana memoria sería sólo el inicio de otra historia, la historia de la redención del hombre y su renovación moral”. Sólo la profundidad sicológica de Dostoievski y su gran novela de fin de siglo diecinueve Crimen y castigo fue capaz de transmitirnos en una sola imagen la necesidad que tenemos de vernos reflejados en nuestro prójimo con algo de bondad y quizás también con algún resabio de aquella “chispa” de divinidad que anida en el “recóndito” de las oscuras entrañas del corazón del hombre. Eso creyó al menos intuir el escritor cuando confesó que a la hora de nuestro juicio final bastaría con mostrar una copia del Quijote al gondolero del Hades para granjearnos el pase a las huestes celestiales, así tan alto valoraba el egregio novelista ruso el candor de Cervantes.

El escaparate en el que nos toca asomar el rostro después del 9 de noviembre de 1989 cuando se desmoronó el muro de Berlín nos ofrece la silueta del espejo de la casa de los sustos, en el que vemos reflejada a una humanidad que adolece de una soledad magallánica, desprovista de la solidaridad y compasión esenciales para la sobrevivencia del homo sapiens. Nos toca vivir en un mundo donde las tres cuartas partes de los seres humanos viven con menos de un dólar al día, y en donde los parapetos de la democracia sufren el síndrome del “cinismo colectivo”: en la debacle de la cárcel de Abu Ghraib, en Bagdad, el ejército norteamericano, el más formidable del planeta, después de exhibir la conducta más bochornosa de que se tenga memoria en los anales de la historia militar escrita, como todos pudimos verlo en el trato obsceno y degradante a los reos, procede a instalar al Primer Ministro Allawi y declarar bien encaminada la democracia en el país babilónico mientras se acumulan más de mil cien bajas en combate y a diario continúan atentados feroces, éste es el proscenio de la nación que es todavía bastión y emblema de la libertad en el orbe.

En Nicaragua, la patraña política de los últimos cinco lustros sufre idéntico malestar; sin embargo el olvido, no existe nos recuerda Jorge Luis Borges ya que la amnesia es el vacío de “algo” que tuvo “algún” contenido, y es así que mediante la falsificación de la memoria el partido frentista y su portavoz principal el diputado Ortega adoptando un aire de monjita mancillada con flanco de blancura angelical arremete en el manejo de la democracia y como buenos conocedores de las flaquezas de nuestra depravada condición humana se convierten de la noche a la mañana en dueños de la libertad de cualquier protagonista de oposición que muerda el anzuelo ofrecido por el oro fácil de la ambición desenfrenada y al ser registrado por el “atracómetro” oficialista queda convertido en reo de facto de la plutocracia sandinista que rapidito descubrió que más necesita de la pluma que del plomo para seguir fraguando el merecumbé “legisladoril” que sin mucho fausto y tras bastidores les permita seguir ensartando el sartén por el mango y freír a su antojo los tocinos de los trofeos arponeados; y en las afueras del anfiteatro del poder las cifras escalofriantes de la miseria humana hablan por sí solas de la herencia de las últimas tres décadas de plenilunio bisiesto: 70 por ciento de desempleo virtual, 70 por ciento de deserción escolar, 70 por ciento de admisiones hospitalarias debidas a enfermedades adictivas (alcohol y drogas), 100 por ciento de aumento de las tasas de suicidio, 90 por ciento de la población sufre de altos índices de exclusión social donde el empleo, el acceso a la salud, y a la educación brillan por su ausencia. Este panorama desgarrador debe ser motivo de reflexión para todos los nicaragüenses y nuestros líderes políticos que son directamente responsables del hambre al no haberse templado las crines para negociar el consenso urgente para el desarrollo y gobernabilidad de la nación.

Pero el hombre no escoge cuándo ni dónde nacer, así nos dice el recién fallecido Premio Nobel de Literatura, Ceslaz Milosz, y agrega que todos los de su generación hubieran deseado vivir tiempos más tranquilos, pero quien fuera adivino para escoger su cuna y su Cronos. A nosotros nos tocó esta escarpada Nicaragua del 79 y de la década de los ochenta, y bien podemos hacer memoria intemporal y trasladarnos desde la Plaza de la Revolución en Managua en 1984 haciendo un giro de muchas revoluciones al Índice de De Revolutionibus en 1473 donde un monje polaco con una sola fórmula sideral desafió los designios de las Escrituras, de la Iglesia y de Aristóteles; años más tarde el inventor del telescopio, lo acompañó en el otrora honroso Índice de Libros prohibidos del Santo Oficio, cuatrocientos años después un estudiante de medicina, dramaturgo, políglota y escritor y por cierto también monje preclaro, en un gesto inédito y jamás antes imaginado en ninguno de sus 262 predecesores no solamente exculpó sino que admitió la equivocación de la Iglesia al haber enjuiciado a Galileo y a Copernico, Karol Wojtyla, en las antepenúltimas estaciones de su incomparable Vía Crucis ha sobrevivido al genocidio nazi, la ocupación comunista, la aniquilación de los gitanos, y la humillación sandinista en su primera visita a Nicaragua, de donde todavía nos alcanza el eco de su voz pidiendo silencio para poder hablar.

Juan Pablo II, en lo que podrían ser las reflexiones finales del más extraordinario pontificado del siglo XX, su más reciente libro Levantaos ¡Vamos! nos recuerda el valor del perdón infinito y necesidad del amor infinito en este mundo que parece haber perdido la bitácora cuando nos dice: “Hasta donde me llevaron mis reflexiones sobre el misterio de la entrega mutua del amor y la inmanencia de las generaciones que nos van a seguir y mi asombro profundo ante el milagro de la vida y la inmensa dignidad del ser humano, que reúne el amor y la verdad”, y es precisamente ese mensaje que el Santo Padre ha querido llevar al mundo entero en este su último libro, levantémonos dejemos atrás el empecinado odio y “andemos” hacia el auténtico desarrollo humano que necesitan las naciones del mundo.

El autor es médico.

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