LA DICTADURA NO PUEDE OCULTAR LA VERDAD

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desde que nuestras instalaciones fueron tomadas y nuestro gerente general Juan Lorenzo Holmann fue detenido.

con las instalaciones tomadas y nuestro gerente general Juan Lorenzo Holmann detenido.

Los rumbos del diálogo

Joaquín Absalón Pastora*

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Los rumbos del diálogo


Joaquín Absalón Pastora*




La política es un arte ético y estético. Ética política es preservar la institucionalidad. La estética, intangible en su caso, refleja la belleza humana de servir.

Parte de ese universo es el diálogo. Y cuando éste se produce duele la inclinación excluyente hacia la sociedad que está en el llano, sólo porque así lo determinan las cumbres.

Se presiente —y por lo tanto no es mía la afirmación— el aislamiento de la comunidad civil a la que se le posterga con el argumento de no haber sido electa a pesar de ser la electora de los personajes que se hicieron dirigentes en la ruta. Algunos, mamíferos crónicos del erario nacional.

La confluencia en la rutina de excluir puede presagiar sin caer en el escepticismo —dudoso de la duda— el retorno a la farsa de los años anteriores. Eso podría evitarse si en el transcurso se toma en cuenta directamente y no por antojo delegatorio a las organizaciones gremiales y sociales no representadas por los partidos políticos, los cuales por lastimosa y perseverante tradición abogan por sus intereses, aunque en una eufemística e imprecisa recurrencia aparezca el interés social dibujando en el aire a un banco de fomento de la producción sabido que son precisamente los políticos —más cuando están en el poder— en su mayoría quienes han esquilmado sus fondos. No pocos de ellos quebraron un banco de desarrollo y otros de diferente indumentaria. Y según las reglas de la antecedencia la creación de otro podría conocer el mismo destino.

Desde los tiempos en que Emiliano pactó con Tacho prevalece la tendencia discriminatoria de las élites en aquel tiempo compuesta por liberales y conservadores. Los acaecimientos públicos desde el fondo de la tierra afligida se relacionan con los privados. La tesis podría cumplirse si la filosofía moral y la voluntad política juntan sus esfuerzos incluyendo la capacidad de analizar racionalmente y con el aporte pulcro de la buena fe, cada uno de los puntos suscritos no leyéndolos de memoria sino interpretándolos con la facultad de reflexionar.

Pocas horas después de haberse proclamado los acuerdos, volvió la nubosidad a opacar el paisaje político dándole pie a “Juan Pueblo” para que de nuevo sintiera la miserable temporalidad del alegrón de un burro.

En Nicaragua los acontecimientos están acostumbrados a dar un viraje espectacular diametralmente opuesto con el auspicio del cinismo en cosa de horas o de minutos. La situación varía tanto que en el momento en que escribo este artículo o cuando aparezca publicado, no sería posible una aproximación de lo que sucedería al caer en manos del lector.

A Daniel Ortega le queda muy ancho el sombrero de la paz. Está en los ámbitos de la madurez pero ésta no cuaja en él. Se ensimisma en la trifulca y por eso no ha podido salir airoso en los cómputos finales. Su conducta la vimos y la sentimos desde que un comando nos secuestró en la casa de la UNO. Entraba a la casa y se reunía secretamente con los secuestradores, quienes lo recibían con saludo de subordinados. Llevaba y traía como si hubiera sido el comandante oficial de la violación de los derechos humanos.

Eso pasó pero la etapa consumada del ayer no ha sido rectificada por el arribo del hoy. Y lo traigo a la memoria herida porque es uno de los firmantes de un papel que puede disolverse en mil pedazos a la hora que quiera, simplemente porque tiene la llave.

Puesto en el panorama el precedente, celebro como ciudadano el paso dado por la trinidad política.

Nicaragua quiere demostrar que tiene gente capaz de gobernarla. Probar que puede ser alejada de las tentaciones del fantasma que desaparece y vuelve en un ir y venir de sombras.

* El autor es periodista

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