Alfonso Efraím Castellón Ayón
Cuando todos los participantes tengan igualdad de condiciones y habilidades políticas comprobadas, entonces podría darse un buen diálogo. Si entre las partes hay negociadores natos por un lado y por el otro personas “tercas” y dóciles empleados cuya iniciativa se motiva al son del erario: no habrá por seguro buenos resultados y seguiremos en incertidumbre política, afectando a todos los gobernados.
La clave en este diálogo es “saber negociar” y, más aún, que la negociación beneficie a las mayorías. De lo contrario, es mejor que preparemos lentamente, pero con buen tino, una tercera vía de verdad: que no lleve entre sus dirigentes a políticos frustrados, cuyo color político es sujeto a ofrecimiento de puestos públicos a cambio. Esta opción política no debe entregarle el poder político pleno al FSLN.
Los camaleones no deben tener cabida entre la dirigencia de una tercera vía. Ni los apresurados tampoco. Quizás aparezca en el horizonte un Moisés que trate de rescatar al país de las manos de los caudillos que, para deleite de unos y sufrimiento de otros, son los que mandan actualmente. Ojalá que el famoso diálogo no sea un simple foliar o tratamiento que se aplica a las plantas para refrescarlas.