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Orfeo y Eurídice

Luis Sánchez Sancho

Roman, Times, serif»>Y además

Orfeo y Eurídice


Luis Sánchez Sancho




Para mí el nuevo año 2005 comenzó de la mejor manera posible, en lo que a cultura y deleite espiritual se refiere. En efecto, el propio 1 de enero el canal de televisión por cable Film&Art transmitió una vieja versión de la ópera del gran compositor alemán del siglo 18, Cristóbal Glück (1714-1787), Orfeo y Eurídice, con la excelente mezzo soprano británica Janet Baker (1933- ) haciendo el papel de Orfeo.

De la leyenda de Orfeo hay varias versiones, pero todas coinciden en que él era un semidios, hijo de Eagro —rey de Tracia— y de Calíope, la Musa de la elocuencia y la poesía épica.

Desde niño Orfeo tuvo una fuerte inclinación hacia lo religioso y, siendo aún muy joven, se fue a Egipto para estudiar el misterioso culto a Isis. Después viajó por el Oriente Medio y el Asia Menor, y al regresar a Tracia enseñó a la gente los conocimientos sobre la religión, el origen del mundo, la astronomía, la interpretación de los sueños y la expiación de los pecados y los crímenes. Además, instituyó algunos de los principales cultos y fiestas religiosas griegas, como los de Dioniso (Baco) y Demeter (Ceres). De allí que sea considerado como el creador de la teología pagana.

Orfeo también era un músico genial. Por eso Apolo le regaló la Lira, con cuya música acompañaba su divina voz y ejecutaba las melodías más encantadoras que jamás se escucharon antes ni después. Tan maravillosa era la música de Orfeo, que cuando sonaba los ríos detenían su curso, se amansaban las fieras, cobraban vida las rocas y toda la Naturaleza se conmovía con sus melodías.

Por su apostura y sus cualidades intelectuales y artísticas, de Orfeo se enamoraban todas las mujeres mortales y divinas, y trataban de conquistarlo y seducirlo para ser su amante o para casarse con él. Pero Orfeo no hacía caso a ninguna mujer, hasta que conoció a Eurídice, una Ninfa tan hermosa como dulce y sencilla, la que por eso mismo fue la única que nunca se ofreció ni se insinuó a Orfeo.

Orfeo y Eurídice se amaron como ninguna otra pareja divina o mortal lo había hecho jamás. Se casaron, pero cuando apenas comenzaban su romance ocurrió una horrible tragedia: Paseando Eurídice por el bosque fue vista por Aristeo, quien trató de hacerla suya. Huyó la hermosa Eurídice pero durante su huida fue mordida mortalmente por una serpiente venenosa.

Orfeo casi enloqueció de dolor en el alma. Pero no se resignó, más bien decidió bajar al Infierno (el mundo de los muertos) a buscar a su amada. Con su maravillosa música fue sometiendo una a una a todas las bestias del mundo subterráneo, hasta que llegó a la residencia de Plutón, dios de la oscuridad donde permanecen las almas de los muertos.

Plutón tampoco pudo permanecer indiferente a la música de Orfeo. Y además, lo conmovió tanto el inmenso amor de Orfeo por Eurídice, que le permitió llevársela a la superficie de la tierra, a la vida. Pero Plutón puso la condición de que durante el viaje de regreso, Orfeo debía ir delante de Eurídice sin detenerse en ningún momento ni volver la vista hacia atrás para mirarla. Si no cumplía esta condición, Eurídice volvería para siempre al mundo de los muertos.

Pero no tengo espacio para seguir adelante de modo que concluiré esta hermosa y ejemplar historia de amor, la próxima semana.

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