Marco Antonio Guido Iglesias
Jinotega, ciudad de las brumas y de los hombres eternos, como es conocida a nivel nacional e internacional, se convierte a determinadas horas en la ciudad de la oscuridad, como consecuencia de que por largo tiempo ha sido olvidada por los gobiernos, independientemente de sus signos políticos.
Esto se expresa en que la ciudad tiene malas carreteras de acceso, instituciones burocráticas que no resuelven los problemas de la ciudadanía y falta de oficinas de las empresas privadas que prestan servicios vitales para el desarrollo económico de la ciudad. Todo esto la convierte en una ciudad llena de delincuencia, carente de capacidad para generar empleos, malos caminos y, por lo tanto, no apetecida por el turismo nacional e internacional.
Es una pena que una ciudad tan bella, rodeada de naturaleza y privilegiada por su clima, sea objeto de tan pésima prestación del servicio eléctrico y de la mala administración de su Gobierno Municipal.
Son muchos los que ostentan cargos públicos, y que al momento de pedir el voto del pueblo prometen sin la firmeza de cumplir. Es así que hago un llamado a los representantes del pueblo jinotegano a que tomen medidas para detener tales atropellos, para que cesen los constantes apagones. También los invito a ser dignos representantes del pueblo que los llevó hasta donde están a través del sufragio universal. Todo esto para convertir a Jinotega en una ciudad que represente la flora y fauna de nuestro bello país Nicaragua.