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EE.UU. y la lucha por la libertad
El jueves de esta semana, al tomar posesión de la Presidencia de Estados Unidos para un segundo período de cuatro años, el presidente George W. Bush pronunció un discurso que ha motivado muchos comentarios de diversa índole en todas partes del mundo.
En realidad, el discurso del presidente Bush fue dirigido más para afuera de Estados Unidos que para adentro. El mayor énfasis fue su compromiso en la lucha por la libertad en el mundo, y la advertencia a los dictadores de que no deben creer que seguirán oprimiendo a sus pueblos con tranquilidad e impunidad. “Los hechos y el sentido común nos llevan a una conclusión: la supervivencia de la libertad en nuestro país depende cada vez más del éxito de la libertad en otros países”, dijo Bush y agregó que la paz de los estadounidenses “depende del desarrollo de la libertad en el mundo entero”.
“Sepan todos los que viven bajo la tiranía y la desesperación: Estados Unidos no ignorará su opresión, no justificará a sus opresores. Cuando se alcen en nombre de la libertad, estaremos a su lado”, proclamó el Presidente del país más poderoso del mundo que ahora está enfrentando la amenaza más terrible de la historia, peor aún que los totalitarismos nazi-fascista y comunista, como es el terrorismo islámico e internacional.
“Regiones enteras del mundo están sumergidas en el resentimiento y la tiranía, sometidas a ideologías que alimentan el odio, admiten la muerte, el aumento de la violencia, y se convierten en un poder destructivo contra las fronteras mejor defendidas”, expresó el primer mandatario estadounidense, quien además recordó que el principal objetivo de su país y de su gobierno, es “promover y apoyar el surgimiento de movimientos e instituciones democráticas en todos los países y sociedades, con el objetivo de poner fin a la tiranía en el mundo”.
Ahora bien, el presidente Bush manifestó que “todos los aliados de EE.UU. deben saberlo: honramos su amistad, confiamos en sus consejos y dependemos de su ayuda. Dividir a las naciones libres es el objetivo de los enemigos de la libertad”. Sin embargo, como es bien sabido, entre los aliados de Estados Unidos hay también gobiernos dictatoriales que no respetan los derechos humanos y las libertades individuales de las personas, y que reprimen a los disidentes de manera despiadada. O sea que el compromiso estadounidense de lucha por la libertad está mediatizado por sus conveniencias estratégicas, pues, como muy bien se dice, “los Estados no tienen amigos, sólo intereses”.
Es cierto que Estados Unidos apoya contra viento y marea a los cubanos oprimidos por la tiranía comunista castrista. Es cierto asimismo que por ayudar al pueblo de Irak a liberarse de la satrapía sangrienta de Saddam Hussein, Estados Unidos ha tenido que pagar un alto costo político, económico y humano; y ahora hace ingentes esfuerzos para dejar cimentadas en ese país las bases de la libertad y la democracia.
Pero al mismo tiempo Estados Unidos apoya, por ejemplo, a las dictaduras de Paquistán y Jordania porque son sus aliadas en la lucha contra el terrorismo afgano e iraquí. De igual modo, en el Lejano Oriente Estados Unidos sacrificó al pequeño Taiwan cuya evolución política democrática es tan reconocida como su desarrollo material, porque su relación (de EE.UU.) con China Continental le es mucho más conveniente en términos económicos y estratégicos, no obstante que el régimen comunista de Beijing sigue manteniendo una férrea dictadura política en contraste con su amplia apertura económica cuasi capitalista.
De manera que no es incondicional el compromiso de Estados Unidos con la democracia y la libertad en el mundo, fuera de sus fronteras. Depende de la geopolítica, de los intereses económicos y de cómo se portan los regímenes dictatoriales y despóticos en relación con los mismos Estados Unidos.
Por supuesto que no sólo a Estados Unidos le compete derrotar a las dictaduras. Esto es ante todo obligación de los pueblos oprimidos. En Nicaragua, por ejemplo, somos los mismos nicaragüenses quienes debemos derrotar a la satrapía bicéfala de dos patas de Ortega y Alemán. Es cierto que se necesita el apoyo externo, pero en todo caso éste tiene que ser secundario.