LA DICTADURA NO PUEDE OCULTAR LA VERDAD

Hoy se cumplen

14
días

desde que nuestras instalaciones fueron tomadas y nuestro gerente general Juan Lorenzo Holmann fue detenido.

con las instalaciones tomadas y nuestro gerente general Juan Lorenzo Holmann detenido.

Justicia por todos

Arlen Cerda Roman, Times, serif»>A 75 días exigimos justicia Justicia por todos Arlen Cerda “La impunidad premia el delito, induce a su repetición y le hace propaganda: estimula al delincuente y contagia su ejemplo” (Eduardo Galeano, en La escuela del mundo al revés, 1998) De entrada debo confesar que no conocí a María José, tampoco […]

Arlen Cerda

Roman, Times, serif»>A 75 días exigimos justicia

Justicia por todos


Arlen Cerda




“La impunidad premia el delito, induce a su repetición y le hace propaganda: estimula al delincuente y contagia su ejemplo”

(Eduardo Galeano, en La escuela del mundo al revés, 1998)

De entrada debo confesar que no conocí a María José, tampoco sé de su madre e hijo, seguramente consumidos todavía en el dolor de esta pérdida, y fue hasta un día después de su asesinato, cuando los medios de comunicación publicaron la cobardía cometida y su fatal saldo que me enteré que ambas habíamos pasado por las mismas aulas en la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Centroamericana (UCA).

Sin embargo, esto no me impide dedicarle unas líneas a su labor y sumarme a las voces que exigen ¡Justicia para María José! Y exigir también ¡Justicia por todos!

Seguramente a María José, como a mí, le enseñaron en las aulas la responsabilidad de informar a la sociedad, porque murió en plena labor periodística con su libreta y grabadora en mano, cuando un cobarde le arrebató la vida con un disparo planificado.

Debo confesar también con tristeza que hasta ese 9 de noviembre creía —como muchos— que los asesinatos a periodistas sólo ocurrían en Colombia, Irak o Medio Oriente. Que quizás hacía falta una guerrilla en las fronteras, una guerra bilateral o padecer un viejo conflicto militar para temer por la vida, para correr a diario con el riesgo de perderla en un instante.

Hasta esa fecha, también, daba gracias a Dios por ser periodista en esta tierra, un fin del mundo sin mayores novedades que alguna catástrofe natural, escándalos políticos cotidianos, desesperanzas económicas y utopías de cristal.

Pero ahora esa misma certeza ha muerto con María José y estoy convencida de que en Nicaragua, los periodistas ya no estamos seguros. Aparentemente, en nuestro país no hacen falta dictaduras ni guerras para pretender acallar la libertad de expresión y de prensa porque hay quienes matan periodistas hasta en medio de lo que todos entendemos como proceso democrático.

La jornada organizada por los corresponsales y periodistas del diario LA PRENSA, junto a organizaciones amigas, para exigir justicia para María José no es la intención vaga de victimizar a los periodistas, menos aún de responder a intereses particulares.

Al demandar ¡Justicia! pretendemos que el asesinato de María José no quede impune, que las autoridades judiciales no acepten este cuento de “una bala saltarina” y que tampoco crean que Eugenio Hernández —señalado como autor del delito— “ni siquiera estuvo en el lugar” del asesinato.

Creer las inescrupulosas excusas sería totalmente absurdo. Hernández fue señalado inmediatamente, mientras María José se desangraba, quizás pensando en su hijo, recordando a su madre y abandonando la esperanza de regalarles un último abrazo.

Creer esto de “una bala saltarina” sería tan fatal como creer que las guerras solucionan los conflictos humanos. Ni un niño de seis años fanático de los videojuegos y las más sofisticadas piruetas de los dibujos animados japoneses podría creer lo de una bala que rebota acá y allá para terminar justo en el pecho de otra persona. No se puede ser tan ingenuo ni torpe.

Ser periodista no es un oficio fácil, se trata verdaderamente de asumir una misión en la búsqueda de información cotidiana, salvando obstáculos en cada puerta, recibiendo presiones cotidianas e inconformidades de medio mundo. Pero contra la vocación no hay remedio y la mayoría de nosotros sólo sobrevive “por amor al arte”, como envenenados por esta sentencia.

Aceptar que la muerte de María José fue un homicidio doloso o un simple accidente sería precipitar el mundo patas arriba y burlar a la justicia con los ojos descubiertos. Mañana, entonces, a cualquiera de nosotros, podrían matarnos porque a alguien más le incomodó algo que escribimos, no le convenía alguna publicación que haríamos o simplemente no le agradábamos.

Debo admitir que me he convencido que en Nicaragua los periodistas naufragamos en un mar de crueldades. Que lamentablemente la intolerancia, el odio, la cobardía y el fanatismo han infectado al mundo para quitarnos hasta la esperanza de trabajar seguros.

Sin embargo, acaso como un trastorno de mi joven ingenuidad o como el último aliento de esperanza, quiero creer también que todavía puede existir ¡Justicia para María José! Que su espíritu puede descansar satisfecho no con la venganza, si no con la verdad. Por ella y por cada uno de quienes navegamos en este mar de incertidumbres confío aún en que habrá ¡Justicia!

Corresponsal de Granada