Jorge Eduardo Arellano
Un vídeo del solemne acto de ingreso a la Academia Nicaragüense de la Lengua (ANL) del escritor irlandés-español Ian Gibson precedió las ponencias del 18 de enero en el auditorio de la Biblioteca Presbítero Tomás Ruiz, del Banco Central, en León, durante el III Simposio Internacional: Rubén Darío y Cantos de Vida y Esperanza: Relecturas en su Centenario. Celebrado en la Universidad de Alcalá (junio del 2003), en la inauguración del cursillo de verano El modernismo visto desde Nicaragua y España, fue presidido por el director de la ANL; Gibson agradeció su elección como miembro honorario de la misma y leyó el ensayo García Lorca, discípulo de Darío. Participaron también en dicho acto los académicos Alejandro Serrano Caldera y Julio Valle-Castillo más el jefe de la delegación “nica” en el cursillo Edgardo Buitrago.
Otro acto importante e imprescindible del mismo evento fue la entrega de las Memorias del II Simposio sobre Rubén Darío (2003): Nuevos asedios y reencuentros, realizada por el presidente del Banco, doctor Mario Alonso, a los colaboradores y especialmente al doctor Edgardo Buitrago —director perpetuo del Museo y Archivo R. D.— y a doña María Manuel Sacasa de Prego, coordinadora general de los tres simposios, ya institucionalizados (2003, 2004 y 2005). Las Memorias se insertaron en el número 124 del BNBD (Boletín Nicaragüense de Bibliografía y Documentación), órgano de la Biblioteca Roberto Incer Barquero. Sin embargo, ambas participaciones no fueron registradas en la crónica del III Simposio que pergeñó Inés Izquierdo Miller (Ecos Darianos, LA PRENSA, sábado 22 de enero del 2005), a quien obsequié precisamente un ejemplar de las Memorias.
Agradezco a la novel columnista sus líneas sinceras. Pero en mi carácter de coordinador académico de los tres simposios debo señalar que omitió ambos actos, al igual que otras intervenciones. Por ejemplo, la de Julio Valle-Castillo: El caracol en la gestación de Cantos de Vida y Esperanza, por un lado, y la de Pablo Kraudy: Darío y la dimensión de la Esperanza, por otro. Tampoco aludió a la de Renée de Ramírez: R. D.: guerrero trascendental del latimismo. Ni al informe-resumen de la sesión plenaria de clausura, ni a la inteligente participación del público.
En fin, una previa consulta a los organizadores del simposio hubiera quizás impedido a la firmante de Ecos d arianos (LA PRENSA, 22-1-05) su tendencia más a lo formalista y superficial que a los análisis a fondo y aportes novedosos de los expositores.