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La sombra de Ortega amenaza a Nicaragua

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La sombra de Ortega amenaza a Nicaragua





Nicaragua, el más pobre de los países centroamericanos, todavía no ha podido recuperarse de la debacle económica en que quedó en la década de los ochenta como consecuencia de la pésima gestión del sandinismo marxista, encabezado entonces, como hoy, por Daniel Ortega, compañero de ruta de Fidel Castro. Tanto es así que su ingreso nacional anual per cápita es hoy de apenas unos 500 dólares, cuando en 1977 era de unos 1,050 dólares.

Su actual presidente, Enrique Bolaños, que lleva tres años en el poder, parece estar acercándose a otra crisis. Ocurre que los dos partidos políticos mayoritarios han celebrado un extraño matrimonio táctico o “de conveniencia”, es decir, entre el Partido Liberal Constitucionalista —cuyo líder, el ex presidente Arnoldo Alemán, está preso en su propio domicilio con una condena de veinte años sobre sus hombros por corrupción, luego de haber sido acusado de sustraer del erario más de cien millones de dólares— y la oposición izquierdista, esto es el sandinismo, aún liderado por Daniel Ortega.

Esta insólita unión entre los dos principales partidos políticos de Nicaragua cuyos principios y programas están absolutamente en las antípodas ha dejado al presidente Bolaños sin posibilidades reales de gobernar. Tanto, que no puede hacer sancionar leyes a un Parlamento unicameral, dominado ampliamente por sus adversarios, ni tampoco designar jueces. En rigor, sólo ha podido sobrevivir, y a duras penas, gracias a la diplomacia preventiva de la OEA y al apoyo relativo que recibe desde los Estados Unidos.

Bolaños, que debe aún gobernar por dos años más, no tiene virtualmente posibilidad de ser reelegido. A su vez, el desprestigio moral de Alemán es enorme, lo que ciertamente no le permite soñar con alcanzar una nueva Presidencia. Por estas dos circunstancias es posible que —con escasamente un tercio del electorado total— el sandinismo regrese al poder en Nicaragua. Pese a su monumental fracaso anterior, lo que sería toda una lamentable ironía del destino.

No obstante, esto no significa necesariamente que Daniel Ortega termine siendo, una vez más, el eterno candidato de su partido. Deberá enfrentar al ex alcalde de Managua, un sandinista moderado, Herty Lewites, que hoy es probablemente el político más popular de Nicaragua.

No es extraño que ante este patológico cuadro de situación casi el 90 por ciento de los nicaragüenses exijan que tanto Alemán como Ortega se aparten ya de la política. Respecto de ambos, el conocido “que se vayan todos” resuena por todas partes, con indiscreta sonoridad. Lo cierto es que sobre la castigada Nicaragua parecería cernirse una nueva tormenta política.

Editorial de La Nación, de Buenos Aires, Argentina, del martes 25 de enero del 2005.